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Más menores piden ayuda para no abortar

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Han pasado 12 meses y, a pesar de los datos que aporta la Asociación de clínicas acreditadas para lamenores interrupción del embarazo (Acai), las mujeres siguen en situación de desamparo e indefensión cuando se encuentran ante un embarazo no deseado. No todas cuentan con apoyo familiar ni con la valentía para enfrentarse al problema. Por eso, para evitar estas circunstancias y los problemas psicológicos derivados del trance, la educación se convierte en uno de los pilares básicos para atajar las interrupciones del embarazo. «La formación es uno de los aspectos que fomenta la ley y que menos se ha desarrollado», explica el presidente de Acai, Santiago Barambio.

Una valoración que coincide con la de las asociaciones pro vida que reivindican el papel de la mujer, ya que en muchos abortos el desconocimiento y la falta de acompañamiento por parte de la pareja son clave para no seguir adelante con la gestación, como explica Mafe. Tiene 17 años y entre sus brazos se agita Mabel, una pequeña de cinco meses de enormes ojos grises. Llegó a España embarazada procedente de Santo Domingo aunque no lo supo hasta que aterrizó en nuestro país: «Cuando lo descubrí pensé en abortar, no me veía capacitada para ser madre. Soy demasiado joven», explica la adolescente. Pero su madre la acompañó a la Fundación Red Madre y allí encontró lo que necesitaba: apoyo moral y económico. Su caso es otro de los más de nueve mil que la asociación ha atendido desde que abrió sus puertas en 2007. Sin embrago, los datos que presentan juegan en su contra y en contra de aquello que reivindican: la vida. Desde la entrada en vigor de la Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción del Embarazo, el número de menores que han solicitado ayuda para seguir con su embarazo se ha elevado un 45 por ciento: «Las adolescentes sienten que la nueva norma sólo les deja una salida posible: abortar, cuando ellas lo que desean es seguir con la gestación», aseguró ayer Carmina García-Valdés, directora general de la Fundación.

Aunque desde el Ministerio de Sanidad están contentos con la evolución de la reforma. «Parece que vamos por buen camino», apuntó ayer su ministra, Leire Pajín, los datos no apoyan esta actitud. Ayer, LA RAZÓN adelantó que las psicopatologías derivadas del aborto se habían incrementado de forma alarmante. Y es que en 2009, cien mujeres acudieron a la sede de Red Madre para pedir ayuda psicológica, mientras que a lo largo de 2010, fueron 480. Una cifra escalofriante y a la que se suma el aumento de las menores que se quedan embarazadas y no saben qué hacer. Hace dos años, un 18 por ciento de las adolescentes de entre 14 y 20 años fueron atendidas por los voluntarios de Red Madre. Un año más tarde, el porcentaje se elevó hasta un 53 por ciento. «La mentira de la liberación de la mujer y la falsedad de que hombres y mujeres somos física e intelectualmente iguales nos ha perjudicado y ha trastocado los valores familiares y de respeto a la mujer», añade Esperanza Puente, portavoz de la Fundación y uno de los mayores apoyos de las chicas que acuden a pedir ayuda como Mafe, que sueña con estudiar Medicina para poder cuidar mejor a su hija: «La vida me ha cambiado, pero a mejor. El problema de nuestra generación es que no pensamos bien las cosas. No actuamos con responsabilidad», dice.

Altercado en Sol

Otra de las asociaciones que quiere terminar con la «barra libre» que promueve la norma es Derecho a Vivir. Ayer terminaron sus veladas en diferentes municipios españoles. El fin de estas acciones es la derogación de la ley Aído y la no tramitación de la norma sobre muerte digna, cuyas enmiendas se presentarán en septiembre. «El Gobierno ve que se le acaba el tiempo pero quiere morir matando. Tras la aprobación de la barra libre de abortos, ahora se empeña en aprobar una legislación que permita prácticas eutanásicas», afirmó ayer Gádor Joya, portavoz de este movimiento. En apoyo a estas reuniones, un pequeño grupo de objetores a ambas leyes decidió instalarse el domingo pasado en la céntrica plaza de Sol, a unos metros de los jóvenes que siguen reivindicando los lemas del 15-M. Aunque la Policía ha estado alerta, la convivencia fue cordial hasta la tarde del lunes cuando un grupo de ciudadanos increparon al movimiento pro vida al grito de «¡Fascistas!». Derecho a Vivir intentó abrir un debate sobre la ley del aborto y la de muerte digna pero el tono de algunos asistentes terminó con las buenas palabras. Ayer, varias personas arrancaron carteles de la asociación y se llevaron numerosos folletos informativos, según explica la asociación.

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