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¿Deben trabajar los niños?

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laopinion

En este mundo que la injusta distribución de la riqueza ha dividido en Primer, Segundo y Tercer Mundo, ytrabajar hasta en un Cuarto, también sus "realidades" son diversas.

Mientras que en países como Suiza, por ejemplo, la escena de un niño trabajando es abominable; en Haití, la misma imagen es cotidiana y no altera a nadie.

¿Deben trabajar los niños? es la desgarrante pregunta que no debía siquiera hacerse.

Pero, se la hace precisamente a partir del Segundo Mundo para abajo y en los submundos que coexisten en el Primero.

La respuesta automática, natural, es negativa. Claro que no deben trabajar los niños. Ellos deben estar en las escuelas, en sus hogares, sin pasar hambre ni otras necesidades iguales o menores.

La matización de esta postura aparece cuando la mirada se topa con hogares paupérrimos o el abandono en el que viven millones de niñas y niños, sólo en nuestro país, según estadísticas que maneja la Defensoría del Pueblo.

El drama social se ensaña con los más débiles y entre éstos están los menores de edad. Para enfrentar su abandono miles de ellos optan por sacrificar sus horas de juego y aprendizaje para ganar algún dinero; muchos lo llevan como un aporte a su hogar pobre, otros lo usan para su propio sustento; existen casos -que no son pocos- que, además, se costean sus estudios.

El Gobierno, instituciones internacionales de ayuda y la sociedad entera, debe poner este tema en la mesa de discusión para tomar decisiones sobre tan penoso asunto.

No es suficiente dar normas generales, como no es general o el bienestar o la miseria de la población infantil.

Las leyes de protección a los menores proclaman el cuidado de los niños bolivianos y está implícita la prohibición de su actividad laboral.

Pero, la realidad una vez más contradice a la teoría. Hay miles que trabajan, la mayoría víctimas de explotación.

Ante una situación difícilmente reversible, es urgente una legislación especial para enfrentarla. Incluso hay una organización de niños trabajadores, con un dirigente de 12 años, que pide reglamentar su trabajo.

En cualquier caso, la riqueza de una nación son sus niños y deben ser protegidos, trabajen o no.

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