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Cuando vi a las mujeres salir de la clínica sin bebés, supe que habían vendido a mi hija

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levante

26-01-2011bisEl 13 de febrero de 1978, Dolores Chumillas dio a luz una niña en una clínica de Bilbao. La mujer que la condujo hasta el paritorio le dejó ver a su hija una vez, pero al día siguiente la perdió de vista para siempre. La clínica borró el rastro de su estancia allí. Ni los tribunales ni la policía han podido llevar a cabo una investigación más allá de lo estrictamente superficial, pero esta mujer de Alcantarilla (Murcia) de 65 años sigue buscando a su hija y ha acudido hasta al Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo.

¿Ha perdido la esperanza de volver a ver a su hija?

Sí. Tengo depresión crónica desde aquel día; más tarde enfermé de cáncer y estoy encerrada en mi casa, sin ganas de vivir. Pero otras veces pienso en encontrarla, para decirle que yo no la abandoné. Me gustaría que fuera una buena persona, que lleve una vida ordenada y que sea feliz.

Contató a un detective privado. ¿No ha averiguado nada?

He escrito al Defensor del Pueblo, Tribunal de Menores, Diputación de Vizcaya, al Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo. He denunciado ante la Policía Nacional. Pero nadie me hizo ni puñetero caso. Contraté a un detective privado y me costó un millón de pesetas para nada.

Su odisea comenzó en una discoteca...

Ha pasado mucho tiempo, pero el recuerdo me persigue intacto hasta hoy. Todo empezó en una discoteca de Murcia. Yo acudía con mis amigas los domingos, y conocí a un hombre de Beniaján. Yo no sabía lo que era un hombre, y él me propuso mantener relaciones; me dijo que si ocurría algo, él cumpliría, pero cuando me quedé embarazada me dejó.

Y se casó con otro hombre.

Mi madre no quería a una hija soltera en su casa, así que me tuve que casar con otro hombre y me fui con él a Bilbao. Bebía mucho, y estaba loco por los celos. Tuve que fregar suelos porque no me daba ni un duro y volvía borracho todos los días. Un cura me dijo que una señora regentaba un piso de acogida para mujeres en mi situación. Fue la primera vez que oí hablar de Mercedes Gras, y vi los cielos abiertos. El cura me la presentó y me dijo que me podía quedar.

¿Sospechó de sus intenciones?

Me tocó la barriga y me preguntó de cuánto tiempo estaba embarazada, pero yo no lo sabía porque no me había visto ningún médico. Tenía un palacio por casa, abrigos de visón y una foto con el Papa. Nunca me esperé lo que me iba a pasar. Era la fregona de otras 20 mujeres embarazadas, la mayoría pudientes. Así pasé 7 meses de hambre, frío y miedo.

Y llegó el momento del parto.

El 13 de febrero de 1978, a las seis de la mañana, empecé a tener dolores y me ingresaron. Pero la niña no nacía, tuve un parto horrible. Cuando desperté, una chica me dijo: «Has tenido una niña preciosa» y que no podía verla hasta el día siguiente. Finalmente me la dejaron: era rubia, gordica, pesaba 3,8 kilos. A los dos días, Mercedes Gras me dijo que tenía que dejar el hospital. Me echaron a la calle sin terminar de coserme. La hermana Amestoy me dijo que ella se quedaría con la cría.

¿Cómo se sintió cuando su propia familia le denegó ayuda?

Yo no podía ni andar. Pedí ayuda a mi hermana y a mi tía, pero no quisieron saber nada de mí. Después a mi madre, pero me echó a la calle. Así que volví sola a Bilbao. Cuando llegué a la clínica, me dijeron que yo no había estado nunca allí, y que jamás había tenido una hija en ese lugar.

Sin embargo, esa clínica existió y esas personas también...

Sí, yo he llamado por teléfono a Mercedes Gras hasta el día de su muerte, que fue hace 10 o 12 años. Y siempre me decía: «Nunca volverás a ver a tu hija». También al cura y al ginecólogo, y dicen que no saben nada. Una compañera me dijo que a mi hija la habían vendido por 200.000 pesetas, pero no supo decirme a quién. Entonces recordé que las mujeres siempre salían de la clínica sin barriga y sin bebés, así que caí en la cuenta de que no sólo habían vendido a mi hija, sino a todos los demás.

¿No volvió a tener más hijos?

No. Me dediqué a mi casa y a mi trabajo. Cogí miedo a los hombres.

 

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