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La Junta da tratamiento psicológico a 147 niños víctimas de abusos sexuales en la provincia

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Los profesionales advierten de que este tipo de delitos aún resulta «invisible» y apenas se denuncia un 20% de los casos

Casos extremos como el de Mari Luz Cortés, la niña onubense secuestrada y asesinada por un vecino hace dos años, o la detención puntual de algún pederasta denunciado por los padres que se da a conocer en los medios cada cierto tiempo, saca a la luz con cuenta gotas una realidad que sigue oculta y soterrada, incluso, para el sistema judicial.

El abuso sexual en la infancia es un delito «invisible», que se produce de manera «más frecuente» de lo que se desprende de las estadísticas procesales. Así lo advierten desde la ONG Márgenes y Vínculos, que desde finales de 2008 gestiona en la provincia de Cádiz un programa financiado por la Junta de Andalucía por el que se evalúa y trata psicológicamente a las víctimas de estos delitos.

Sólo en el último año y medio (desde comienzos de 2009), este servicio social, que sirve de apoyo al Instituto de Medicina Legal en el peritaje forense de estas víctimas, ha llegado a tratar a 147 niños de toda la provincia, cuyos casos han llegado a los juzgados.

Casi un centenar y medio de posibles víctimas que, sin embargo, apenas representa «la punta del iceberg» de esta lacra social, de la que «sólo se denuncia en torno a un 10% o un 20% de los casos», advierte Alicia Moreno, directora del área de Familia de la delegación de Bienestar Social y coordinadora del programa.

«No sabemos si hay más abusos que antes», indica por su parte Celia Nevado, psicóloga y directora de la unidad de Márgenes y Vínculos que a pesar de las dificultades para detectar los abusos, reconoce «que se habla más del tema y en los colegios hay más prevención». «En las casas, hay más personas que están sensibilizadas y deciden que no hay que callarse. Pero, -como recuerda- muchas veces es la propia madre la que sufre maltrato y oculta también violencia sobre sus hijos». «Este tipo de delito está muy relacionado con el secreto y la amenaza que imponen los adultos», recuerda Moreno, que subraya cómo además el 80% de los supuestos agresores sexuales pertenecen al círculo familiar y, por tanto, mantienen un fuerte vínculo afectivo con sus víctimas. Y aclara, ante cualquier suspicacia, que en todo este tiempo no han recibido ningún caso en el que el supuesto pederasta pertenezca a la Iglesia.

La 'segunda victimización'

Aparte de ese secretismo y esa amenaza, «para que un menor revele el delito tiene que ser consciente de que está siendo víctima de algo malo», afirma Nevado, pero «la mayoría ni siquiera sufre abusos violentos, sino que lo perciben como un juego; hasta que se dan cuenta de que ese juego es raro y no es adecuado puede pasa mucho tiempo».

De la misma manera, algunos niños ni siquiera presentan síntomas o traumas, por lo que no todos se someten a un tratamiento en sentido estricto, ya que «podría ser incluso contraproducente», revela la psicóloga de la ONG. Los menores, en todo caso, sí se someten a un seguimiento por parte de Márgenes y Vínculos, sobre todo, al frontar el proceso judicial, ya que en ese camino puede sufrir lo que se conoce como 'segunda victimización'. Un síndrome traumático que se produce cuando el menor revive los abusos.

En este sentido, también en las evaluaciones que realizan los profesionales de Márgenes y Vínculos se siguen protocolos especiales que tratan de alcanzar el testimonio de las víctimas sin tener que preguntarles por aspectos más espinosos. «Hay todo un listado de lo que se le puede preguntar y qué no», explican desde la ONG, cuyos psicólogos llegan a prescindir incluso de las entrevistas en los casos más graves. Porque, como explica Moreno, «el objetivo es evitar que sea más traumático el procedimiento, que el mismo delito cometido».

 

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