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Cara y cruz de las redes sociales

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Los expertos alertan de su uso incontrolado por parte de los jóvenes y piden un papel más activo de los padres.

MADRID- La detención esta semana en Cádiz de un hombre de 33 años, acusado de violar a una niña de 14 años con la que había contactado a través de la red social Tuenti, ha reavivado el debate sobre los peligros que provoca un mal uso de este tipo de herramientas de comunicación.
No se trata de demonizarlas, pero sí de tomar precauciones para evitar abusos. Las redes sociales han experimentado un «boom» en el último año, sobre todo entre los adolescentes que, por su propia naturaleza, asumen demasiados riesgos. Más de la mitad comparte información personal y el 70 por ciento responde a mensajes de desconocidos.
De ello se aprovechan los ciberdelincuentes, que se hacen pasar por otra persona para ganarse la confianza del menor y logran que les envíen el material personal comprometido. En ese punto, comienza el chantaje: «O me mandas más, o envío todo a tus amigos». El siguiente paso es concertar una cita para consumar el abuso.


Datos alarmantes
Otros aspectos preocupantes son los contenidos que consumen. Según un estudio encargado por la ONG Protégeles y el Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, el 28 por ciento entra en páginas pornográficas, el 38 por ciento visita webs con contenidos violentos, el 16 por ciento consulta sitios web racistas o xenófobos y el 54,6 por ciento no ha recibido información alguna sobre las normas básicas de seguridad a la hora de utiliza internet.

Por ello, sociólogos, profesionales médicos y expertos en protección de la infancia coinciden en que la solución pasa por una buena educación de padres e hijos en el uso de las nuevas tecnologías. La brecha digital existente entre las dos generaciones no debe convertirse en un obstáculo.
Para Antonio López, doctor en Sociología y profesor de la UNED, las redes sociales son «nuevas formas de comunicación» y, a la vez, «nuevas oportunidades para delinquir». «Los adolescentes de hoy son jóvenes digitales, han nacido con el ordenador, buscan la comunicación instantánea y reproducen su vida en la red. Las redes hacen que los chavales se confíen, se sienten protagonistas, es un mundo de gente como ellos y libre de personas mayores y publicidad». Así, alerta, «hay una necesidad de resocializarse porque un uso excesivo de estas herramientas puede provocarles problemas para relacionarse».

Isabel Menéndez Benavente, psicóloga infantil-juvenil, comparte esta opinión y alerta también de que los adolescentes no deben esconderse detrás de un ordenador, «deben tratarse de tú a tú y mirarse a los ojos».
El peligro, añade, es que «hay muchos que rivalizan en el número de amigos y “agregan” a cualquiera. También aportan datos personales sin ningún pudor y se citan con desconocidos constantemente».
Además, advierte, la herramienta puede crear falsas expectativas: «los jóvenes mienten mucho y no hay herramientas para controlar la identidad de las personas que están detrás de cada perfil».

Adicciones
Un uso descontrolado puede desembocar en patologías. En los últimos meses Menéndez Benavente ha detectado un aumento de los casos de adicción: «Para no llegar a esta situación, la intervención de la familia es fundamental. Esta generación debe pasar por un proceso de enseñanza que comienza en las escuelas y debe continuar en casa».
Guillermo Cánovas, de la ONG Protégeles, insiste en esta idea y propone que los ordenadores estén «en lugares de libre acceso para toda la familia», con lo que se consigue «un uso más responsable. Los adolescentes deben iniciarse en internet bajo la supervisión de sus familiares».

Cánovas aconseja que, en el caso de que se utilice una webcam, «se sitúe fuera del dormitorio del menor. Es mucho más difícil que un “depredador” establezca una relación con un niño si la pantalla puede verse fácilmente. Existe la falsa creencia de que el uso de la webcam es más seguro porque ves con quién estás hablando, pero hay programas que permiten emitir imágenes de una menor, cuando el que está chateando es otra persona».
Miguel Comín, de la ONG Alia2, recomienda a los jóvenes que, aunque no vean a sus padres como alguien que les pueda ayudar con las nuevas tecnologías, «recurran a ellos cuando tengan algún problema. Hay una falta enorme de educación digital y el problema es que la gente no denuncia».

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