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«Que nadie tenga miedo: sólo quieren querer»

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Una familia gijonesa lleva tres años con su hija en acogimiento, a la espera de que la firma de un juez formalice la adopción
Sólo falta la firma de un juez para que Marta -nombre ficticio- forme parte del libro de familia en el que figuran sus padres, Mila Aragón y Rafa Iglesias, y su hermano mayor, Sergio.
Pero la firma tarda en llegar. «Y la espera desespera» a esta familia gijonesa que acogió a Marta cuando la pequeña tenía dos años y medio, aunque el suyo no era un acogimiento temporal, sino definitivo. «Acogimiento preadoptivo», según los técnicos.
«Nos molesta que todavía no tenga nuestros apellidos. Sientes que tienes algo pendiente», explica su madre, quien no entiende muy bien «que el papeleo sea tanto en asuntos tan sensibles». Piensa que «hay cosas que deberían tener prioridad» en «unos juzgados de familia en los que faltan medios y personal».
Mila y Rafa lo tenían claro desde el principio: irían a por un hijo biológico y luego adoptarían. «Para intentar equilibrar una balanza que está muy desequilibrada». Y adoptarían en Asturias, «una vía que parecía menos complicada que la internacional».
Así que el primer paso fue ponerse en contacto con la Fundación Meniños, volcada en facilitar acogimientos y adopciones de niños y niñas con necesidades especiales, donde les hicieron una primera entrevista y les impartieron un curso de formación. Después, pasaron casi tres años que se les hicieron «interminables» hasta que les comunicaron «que había una niña que podía ser adoptada» y les contaron las circunstancias personales de la pequeña.
«Hasta que no fuimos a hacer el acogimiento preadoptivo, no supimos su nombre ni vimos su foto. Yo, en cuanto la vi, me eché a llorar», cuenta Mila, quien recuerda con total nitidez el primer encuentro en la sede de Cruz Roja en Oviedo.
«Todo el rato estuvimos muy emocionados. Todo el rato aguantando las ganas de llorar para evitar que se llevase esa primera impresión, aunque ella ya tenía un álbum con las fotos de toda la familia, de los perros, los gatos, su habitación y sus juguetes».
Luego fue el momento de conocer a su hermano, «que se moría de ganas», y de despedirse de la familia canguro que la había acogido durante dos años y medio. «Era como si siempre hubiese estado con nosotros», cuanta Mila, a la que le impresionó que desde el principio la llamase «mami».
Y la primera noche en casa. Y las primeras rabietas, «las normales de una niña con carácter». «Muchos cambios en poco tiempo» en los que Marta «se esforzó mucho».
También hubo sorpresas, como que «hubiera personas que no lo entendieran», porque «la gente tiene muchos miedos. Pero nadie tiene que tener miedo porque sólo llegan dispuestos a querer y ser queridos». El Principado busca familias de adopción para 55 niños y niñas bajo su tutela.

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