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Medio siglo de esperanzas

Escrito por diagramgen on . . Visitas: 249

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Pelo blanco, corbata roja, traje oscuro, sonrisa casi permanente. El religioso Ángel García 03-10-2012e1(Mieres, 1937), el padre Ángel a todos los efectos, creó hace justamente 50 años, el 2 de octubre de 1962, una organización asturiana por nombre y origen, la Cruz de los Ángeles, destinada a crecer, a alentar, a alimentar y a acompañar. La Cruz de los Ángeles, que buscaba hogares a niños huérfanos o con familias desestructuradas, fue el vivero de Mensajeros de la Paz, una ONG que a lo largo de su trayectoria intensa, acogió a 52.000 niños y a 23.000 ancianos, está presente en 47 países, tiene unos 3.900 trabajadores y le queda cuerda para rato.

Al padre Ángel los números le dicen lo justo porque esto no es cuestión de cifras: «Con haber atendido a un niño ya hubiera merecido la pena el esfuerzo». En la página web de Mensajeros de la Paz se cuenta la historia, una apasionante historia de solidaridad y empeño personal. En mayo de 2009 Ángel García Rodríguez repasaba su vida y su obra en LA NUEVA ESPAÑA y resumía en una frase su estrategia vital: «Prefiero más pedir perdón que permiso». Los resultados están a la vista.

«Pero esta obra no es la obra de un cura, sino de cientos de personas a lo largo de los años. Algunos se quedaron en el camino». El nacimiento de la Cruz de los Ángeles tiene otro protagonista indiscutible, el padre Ángel Silva, «un hombre bueno, con ese perfil que a todos nos gustaría tener como hermano». Silva decidió en su día cambiar el rumbo de su vida, pero sin perder un ápice su querencia a arrimar el hombro.

Los primeros pisos de la Cruz de los Ángeles eran refugio frente al desarraigo. Ángel García echa la mirada atrás... «Fui destinado a la capellanía del Orfanato de Oviedo... Los niños vivían allí tristes, como sin esperanza. Por entonces los huérfanos eran seres estigmatizados que se reconocían por la calle por su vestido, su corte de pelo y sus ojos sin brillo». Los hogares infantiles de la Cruz de los Ángeles eran la punta de lanza de un proceso de normalización de una situación familiar que marcaba y señalaba. «Se trataba de crearles una nueva familia, si no igual sí parecida a la natural que la vida les negó».

Tómbolas benéficas, ventas a domicilio y mucha insistencia a la hora de pedir sirvieron para sacar adelante el proyecto. El objetivo, cincuenta años después, sigue en firme y con mucho tajo por delante. Cambian los tiempos, pero no tanto las necesidades. Mensajeros de la Paz, premio «Príncipe de Asturias» de la Concordia 1994, pervive gracias a la sobredosis de optimismo de Ángel García y los suyos. La ONG Mensajeros de la Paz se complementa ahora con una Fundación y con la Asociación Edad Dorada para la atención a ancianos. Alrededor de este entramado solidario hay todo un grupo de empresas e instituciones que ayudan. Quizá por eso y por experiencia propia y porque la generosidad no siempre es noticia pero existe, el padre Ángel cree en el mundo, que ya es creer. Y en la familia: «Ahora, en tiempos de dificultades económicas, más que nunca. No es verdad que la familia esté en crisis y que se pierdan valores. La familia sigue siendo el principal sostén y una asombrosa fuente de solidaridad». Lo dice quien ha venido haciendo familia medio siglo.

Los actos centrales del 50.º aniversario de la asociación tendrán lugar pasado mañana, martes, en Madrid, con una misa al mediodía en la iglesia de los Jerónimos y una asamblea extraordinaria en el Palacio de Congresos de Madrid, complementada con una cena benéfica. A los actos de aniversario se espera la presencia del cardenal Madariaga, presidente de Caritas Internationalis, y la periodista yemení Tawakkol Karman, premio Nobel de la Paz 2011.

Es una de las primeras fotos, cronológicamente hablando, que se guardan en los archivos de la ONG Mensajeros de la Paz. Oviedo, día 6 de enero. A aquella primera casa de la asociación Cruz de los Ángeles también llegaron los Reyes. «Unos Reyes Magos en los que creíamos todos. Yo sigo creyendo, no se crea. En los Magos y en don Juan Carlos y doña Sofía. Me acuerdo de aquella primera casa que pusimos en marcha, en la calle Otero. No había agua corriente e íbamos al río a bañarnos».

En las expediciones infantiles dirigidas por el padre Ángel la guitarra era inevitable. Hasta se constituyó un grupo musical que se llamaba «Mensajeros de la Paz» y que grabó un disco que tuvo cierta repercusión. En la foto, con los entonces Príncipes Juan Carlos y Sofía, aparece la guitarra. Está tomada en las escaleras de la Zarzuela. «Los Príncipes eran tan jóvenes que yo les hablaba casi de tú. Sus tres hijos eran aún pequeños. Yo vi a doña Sofía llorar al enterarse de que se había muerto uno de nuestros niños. Y mire, en 40 años, siempre han estado cerca de nosotros. Cuando nos vemos el Rey me besa y me abraza y yo sé que siempre podré contar con él».

Para los niños de aquellos primeros hogares asturianos de la asociación Cruz de los Ángeles, los campamentos de verano en la provincia de León eran toda una aventura. «Veo las fotos ahora y me consta que algunos de esos niños son ya abuelos. Al principio, campamentos de niños y de niñas separados porque los campamentos mixtos parecía todavía en los años sesenta algo inmoral, fíjese. Y yo allí, vestido de capellán, con ese bonete...». Y con traje de cura, en el agua del río.

Mensajeros de la Paz tuvo dos inmensos apoyos. Uno en Asturias, el obispo Gabino Díaz Merchán. «Un amigo, todo un cómplice de nuestros proyectos, alguien que supo aguantarme durante 40 años. Otro, en Madrid, el arzobispo Vicente Enrique y Tarancón. Un día me dijo: "Ángel, ven a Madrid y crea una organización laica porque así tendrás más libertad y podrás llegar a más gente"». Ángel García recuerda una frase de Tarancón, que hace suya: «Yo creo en Dios y en los hombres». Y el Padre Ángel va más allá: «Yo ando un poco a contracorriente, creo en los políticos, en los empresarios y en los obispos».

La historia de aquella audiencia no tiene desperdicio. «Es que habíamos ido a la Zarzuela a ver a los Príncipes y como El Pardo quedaba cerca, pues nos dijimos: "Igual nos recibe Franco..."». Y dicho y hecho. Era un grupo con seis niños pequeños, que viajaban en un coche no precisamente del paquete. «A Franco le caían las lágrimas y me dijo que también él había sido un niño que creció en familia con padres separados». De aquella visita surgió más tarde un regalo del jefe del Estado: tres mil pesetas. «Me parecieron poco y las devolví a El Pardo. Al cabo de unos días me llamó el gobernador civil, Mateu de Ros, y me dijo: "Ha hecho usted un feo al Generalísimo, por el que nos pueden fusilar a usted y a mí. Así que las 3.000 pesetas van a volver a Asturias y usted las acepta». Y las aceptó, claro. Pero nunca se gastaron: «Las tengo enmarcadas».

Cantinflas invitó a una delegación de Mensajeros de la Paz a su casa a México. A finales de los años sesenta el cómico mexicano había firmado muchos de sus grandes éxitos. La década es la de «El padrecito», «El analfabeto» y «Por mis pistolas». Era un hombre muy comprometido, «de una enorme humanidad y con una filosofía muy especial». «Nos dijo: yo no quiero que se acaben los ricos, quiero que se acaben los pobres», recuerda el padre Ángel. Mario Moreno ayudó a lo largo de su vida cuanto pudo y a cuantos pudo. Un ejemplo que trasciende de la aparente banalidad de sus películas.

Fue en 1994 cuando Mensajeros de la Paz recibió en Oviedo el premio «Príncipe de Asturias» de la Concordia, junto a las organizaciones internacionales Movimiento de Meninos de Rua y Save the Children. El padre Ángel García subió al escenario del Campoamor acompañado de dos niños, herederos simbólicamente de aquellos que llenaron las primeras casas de la asociación en Oviedo.

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