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Las ONG no quieren crear una red de beneficiencia con su ayuda a los ilegales

Escrito por diagramgen on . . Visitas: 289

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Derivar a los inmigrantes sin papeles a ONG para que reciban asistencia médica, como han 14-05-2012ja2reconocido Ana Mato, ministra de Sanidad, y el portavoz de Sanidad del PP, José Ignacio Echániz, parece «poco viable». Nuestra misión, señala Rafael Sotoca, de Médicos del Mundo, no es «sustituir al estado en sus responsabilidades de asistencia sanitaria». Sotoca recuerda que hace años Médicos del Mundo sí tenía centros de atención para inmigrantes, pero que con los años ha ido disminuyendo la atención asistencial. Se trataba de dar cobertura a los inmigrantes en los primeros momentos, pero siempre recordando a la Administración su responsabilidad.

Médicos del Mundo cree que su participación es «poco viable»

Para Sotoca no se trata de estar o no preparados para dar esa atención a la que se han referido Mato y Echániz. Se trata de que Médicos del Mundo, al igual que otras ONG, «no somos proveedores de servicios sanitarios». No queremos crear una «red paralela de beneficencia y dar una asistencia que no nos corresponde». Y explica que, además, en algunas enfermedades, como el VIH/sida, el cáncer, la tuberculosis, etc., su tratamiento no es sólo administrar los fármacos: hace falta un seguimiento, controles analíticos, etc. que realizan los hospitales.

En este mismo punto incide Mª José Fuster, Gerente de Seisida. Enfermedades como el VIH/sida, el cáncer o la tuberculosis no se tratan exclusivamente con medicamentos, sino que requiere un «manejo integral que debe ser administrado por especialistas». Tanto en cáncer, como en VIH los tratamientos son complejos y debe ser administrados por «especialistas formados y con experiencia en entornos hospitalarios». Por ejemplo, la complejidad del tratamiento antirretroviral es tal que precisa una verdadera especialización sobre su manejo, con una «puesta al día permanente». Las interacciones farmacológicas, las resistencias, los efectos adversos producidos por los fármacos, etc., solamente pueden ser manejados por profesionales con amplia experiencia y dedicación a la patología VIH.

Pero además, en el caso del VIH estamos ante un tratamiento de por vida en el que el «cumplimiento terapéutico es fundamental», ya que una falta de adherencia puede arruinar el futuro terapéutico del paciente y permitir la aparición de virus multirresistentes y obligar al uso de terapias de última generación «más costosas». Un factor fundamental para esta adherencia, señala, es la confianza del paciente en el equipo sanitario que le asiste.

Les preocupa el tratamiento a personas con cáncer o sida

Para Fuster, se trata de una forma de salir del paso. «Primero recortan los recursos a las ONG y ahora les piden que asuman la asistencia de las mismas personas a las que ellos les niegan el acceso a la sanidad pública». Recuerda Fuster que la labor de las organizaciones civiles, como las ONG, no es dar asistencia médica y que, si lo han hecho hasta ahora, ha sido por «dejadez de los gobiernos». A día de hoy, con un Plan Nacional del Sida descabezado y sin perspectivas definidas, muy pocas ONG podrían encargarse de ofrecer estos servicios. «Y, aunque lo dieran, los profesionales sanitarios no son especialistas en oncología o enfermedades infecciosas».

Y además, como reconoce Sotoca, no «vemos ahorro por ningún lado». No atender adecuadamente a personas con determinadas enfermedades o supone sólo un riesgo individual, sino colectivo, «de salud pública». Y, subraya, «el riesgo siempre es más caro».

En este sentido, Médicos Sin Fronteras recuerda que aunque hasta ahora los inmigrantes indocumentados tenía acceso a los servicios sanitarios, en la práctica la asistencia se mantenía sólo hasta el alta hospitalaria, desde donde eran referidos a su médico de cabecera para continuar con el tratamiento. Por este motivo tenían enormes dificultades para completarlo, al no tener acceso ni a la atención primaria, ni a la especializada, ni a los medicamentos precisos. Esta situación, denuncian, provocaba frecuentes abandonos de tratamientos médicos, especialmente preocupantes en el caso de las enfermedades más graves crónicas. Es decir, si ya antes de la actual reforma la situación era delicada, no se puede decir que ésta sea una «buena noticia».

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