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Las ONG en el punto de mira

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deia

LA publicación del libro Blanco bueno busca negro pobre del astrólogo Gustau Nerín, ha hecho saltar todas las 13-01-2012JAalarmas a las ONG, por las furibundas críticas vertidas contra su labor y el efecto pernicioso que pueda tener para su credibilidad, más en los tiempos que corren de recortes y reducción de partidas presupuestarias. El tono catastrofista de la obra con perlas señaladas como "la cooperación al desarrollo es una causa inútil, un fracaso", sin duda, contribuye a la desconfianza sobre todas las campañas publicitarias o de captación de fondos de estas organizaciones humanitarias. ¿A dónde va a parar el dinero recogido? Sin entrar en el fondo de la polémica, muchas ONG han criticado con dureza a Nerín, defendiendo la entidad de sus proyectos y la vital contribución que están llevando a cabo a favor de estos países desfavorecidos (de no haber sido así, la catástrofe humanitaria hubiese sido inimaginable), ya que en este mundo en el que vivimos nada es, por desgracia, blanco ni negro. Las ONG, a veces, tienen el san Benito de ser organismos que se encargan de limpiar la conciencia de los ciudadanos de los países desarrollados y esto, en ocasiones, es aprovechado por gente sin escrúpulos que se beneficia de ello.

¿Hemos, por tanto, de juzgar la parte por el todo? Son los menos, y aunque no lo fuera, que no es el caso, hay que conocer a fondo estas organizaciones para juzgarlas en global a todas ellas. Hay hospitales sin construir, escuelas diseñadas sobre plano que nunca llegarán a levantarse, alimentos que se revenden en otros lugares, mil y una historias que hablan no del fracaso de las ONG, en todo caso, como señala Nerín, sino de las políticas sociales de los gobiernos y la perversidad de la condición humana que nunca está a la altura de sus promesas. Para quienes trabajan cada día en situaciones de miseria, violencia o injusticias sin mayor recompensa que su compromiso con la dignidad de las personas, para los colaboradores que sacrifican su tiempo y energías de forma voluntaria, o que sufren los secuestros de grupos armados, para aquellas fundaciones laicas o religiosas que han conseguido avanzar en el proceso de construir un mundo más solidario y justo, esta obra es un mazazo.

No es el momento para destapar las oscuras intimidades, si es que son tan infaustas, de la labor humanitaria porque, entonces, dejaría de existir el único nexo de unión entre ese mundo que vive en condiciones pésimas y aquel otro en el que podemos polemizar sobre estos asuntos desde el sillón de nuestras casas. En la comparativa hemos de considerar la diferencia que hay entre una familia que se queda sin recursos en España a otra en África, donde su situación puede pasar de horrible a espeluznante en una fracción de segundo, de no ser por estas organizaciones. Para las ONG la palabra fracaso o inutilidad sería lo mismo que afirmar que han ido allí de vacaciones y que hubiese sido mejor haber dejado estas sociedades a su suerte, como si fuera una nave a punto de hundirse, con la tripulación moribunda por inanición y que nada se pudiera hacer por rescatarla de su funesto destino. Por fortuna, no es así. Difícilmente las ONG pueden hacer milagros. Para lograr un éxito rotundo habrían debido contar con el apoyo no solo de la ONU, a través de la Unicef y otros organismos, sino de los gobiernos dispuestos a cambiar la injusta relación de predominio económico existente (en vez de enfrascarse en gravosos conflictos bélicos). En lo único que posiblemente no se equivoca Nerín es en que no se ha hecho lo suficiente, no se han concentrado todos los recursos y esfuerzos y que, posiblemente, no se ha gestionado de forma trasparente el impulso de esta cooperación porque, en algunos casos, hay quienes han visto en ello una manera de lucrarse ilícitamente. Hasta ahí. No existe un mundo mejor (2010), utilizando la metáfora de la desgarradora película danesa que compara la realidad de la sociedad europea y la africana.

Todo lo que se hace por contribuir a la cooperación es necesario y más vital que nunca en la actualidad (aunque siempre lo haya sido). No se trata únicamente de una mera cuestión de lavado de imagen o puro marketing sino de realidades sociales y compromisos que van más allá de narcisismos personales que pueden acarrear la muerte de miles de personas, solo por emitir un mensaje equivocado. Nerín no se da cuenta de que su obra es un torpedo lanzado a la línea de flotación de unas organizaciones que tienen que pelearse día a día con una sociedad cada vez más inmersa en su propia crisis. Él podrá seguir con su vida, cuando pase esta polémica, lavándose las manos de los efectos negativos a los que puede contribuir la influencia de su obra (confiando en que no sea así). No podemos abandonar la nave del Tercer Mundo. Es un riesgo exagerar cualquier situación hasta ese límite en el que se abre una brecha de desconfianza tal en la que nos deslicemos por la vertiente de la resignación. No. Debemos tener cuidado con la elección de las palabras, con el contenido y valor de los mensajes. No hay que faltar a la verdad, pero la crítica corrosiva solo puede suponer una fractura difícil de taponar a la larga porque, entonces, caeremos en la inacción de las personas o los gobiernos (como está sucediendo ya). Sin duda, no se han cumplido todas las expectativas o altas metas que se propusieron para cerrar la enorme diferencia existente en las desigualdades humanas. Muchos proyectos se han quedado en aire, en meros espejismos y, aun así, aquellos que sí han salido adelante han contribuido de una manera importante a lograr que miles de personas vivan con cierta dignidad.

No podemos dar por perdida la causa de la Humanidad, ni mucho menos, ser tan ingratos como para borrar 50 años de Historia y decir que todo lo anterior no ha servido. Todo sirve y es válido para avanzar, aunque no haya sido suficiente para hacer realidad esa utopía de un mundo justo e igualitario. .

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