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Hacer los deberes en una ONG

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malagahoy

Asma estudia segundo de primaria en el CEIP Miraflores de los Ángeles. Tiene 8 años y aunque ella nació, como bien 27-12-2011e2dice, "en el hospital Materno" sus padres son de Argelia. No tiene ningún problema con el idioma, sin embargo, no le gusta mucho el colegio y le viene más que bien tener un espacio y un tiempo diario dedicado al estudio. Ella y su hermano forman parte de la veintena de niños de Primaria que acude de lunes a jueves al programa de refuerzo educativo que imparten en Málaga Acoge para hijos de inmigrantes.

"Ahora estoy coloreando y luego voy a hacer sumas y restas", dice Asma, que de mayor quiere ser policía como Jawad y Yassine, dos marroquíes de 8 y 7 años. A Yassine le gustan mucho las matemáticas y es tan aplicado en clase que en las notas de este primer trimestre abundan los sobresalientes. Javier Sastre es su profesor en la ONG. Cuenta el docente que trabajan a partir de sus deberes aunque "es común que no los traigan" y entonces utilizan materiales propios de la organización.

"Con algunos lo más importante es trabajar la autonomía, que ellos mismos se pongan a trabajar, hay quien no es capaz de estar una hora sentado", asegura Sastre, uno de los cuatro profesores contratados. Y Roberta Díaz, voluntaria junto con otras siete compañeras, asiente. "Hay que ayudarles mucho porque les cuesta ponerse, otros vienen más dispuestos", dice.

Este proyecto forma parte del programa Caixa Proinfancia. "El objetivo general es prevenir la exclusión social de los menores y de sus familias", explica Lucía Infantes, coordinadora del equipo de educación de Málaga Acoge. La gran mayoría de estos alumnos son bilingües, por lo que el idioma no es obstáculo para su éxito escolar. Y no todos parten de una familia con un bajo nivel cultural, "algunos tienen padres con titulaciones universitarias", precisan Lucía e Isabel Pineda, técnica de educación. Lo que sí une a estos niños son las dificultades económicas por las que atraviesan sus familias.

"Viven situaciones muy duras, algunos están al borde del desahucio, se ven obligados a acudir a la ayuda del comedor social, tienen cortada la luz y el agua de casa por falta de pago, los niños no disponen de un ambiente adecuado para estudiar", comenta Lucía Intantes, que añade que son niños "que suelen pasar mucho tiempo solos" porque sus padres intentan buscarse la vida. Otros "llevan el nivel perfectamente, pero en casa no pueden recibir ayuda", apunta Pineda.

En Málaga Acoge se les proporciona un espacio, que ya hacen propio, materiales y profesores que los acompañan en sus avances durante el curso escolar. Los que van más retrasados en la escuela, reciben tres horas cada día. El resto dos, de 16:30 a 18:30. En la primera hora suelen hacer los deberes en grupos más grandes, de cinco a diez alumnos. Los que necesitan mayor refuerzo tienen una atención personalizada, uno o dos alumnos como máximo por profesor.

Las madres y hermanas mayores son, sobre todo, las encargadas de llevarlos a la sede de la organización, en la calle Bustamente. Los alumnos proceden de países como Nigeria, Argelia, Argentina, Bolivia, Perú, Kazajistán y, en un porcentaje muy elevado, de Marruecos. El primer requisito para entrar en el programa son los ingresos familiares. Pero para permanecer en él es necesario que la familia se implique. "Los padres se comprometen a hacer un buen uso de las ayudas, tienen que traer a los niños a diario y han de empeñarse en mejorar su situación", explican Lucía e Isabel. Por eso, los adultos acuden a cursos, reciben charlas de formación sobre la educación de los hijos, orientación laboral y ayuda para encontrar un empleo. "A algunos padres se les pide como requisito que vengan a clase de español, para poder explicarse y entender en el médico, en una tutoría o en la comprar", afirman las técnicos de educación de Málaga Acoge.

En enero comenzará el refuerzo educativo para una docena de escolares de secundaria. Para ambos niveles, en este curso se han ampliado las horas de estudio y se lleva a cabo un mayor contacto con el centro educativo, más visitas domiciliarias y más entrevistas familiares. Todo para conseguir el reto de enseñarles a ser responsables de su propio aprendizaje.

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