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El programa nuclear de Bill Gates

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ideal

19-12-2011jebisMás segura, más limpia y mucho más económica. Argumentos que se han conjugado cientos de miles de veces para defender la necesidad de apostar por la energía renovable. Sin embargo, son los tres pilares sobre los que Bill Gates, padre fundador de Microsoft, pretende edificar su último proyecto: el desarrollo de la próxima generación de reactores nucleares. TerraPower (TP), una de las compañías que engrosan su cartera de propiedades, ha confirmado una peculiar alianza con China, donde invertirá más de mil millones de euros en el próximo lustro para una investigación con la que se pretende sentar las bases de futuro de la denostada energía atómica.

El magnate propone un 'programa nuclear' que recicle el actual modelo del sector. "La idea es que sea muy barata y genere muy pocos residuos", aseguró Gates en una conferencia en Pekín hace diez días. El ingrediente principal de la fórmula es el uranio empobrecido, una idea peregrina que comenzó a mencionarse en los años 50, pero que hasta ahora nadie se había decidido a poner en práctica. Lo que se busca es reutilizar el residuo que generan los actuales reactores y que se acumula en cementerios nucleares que se reparten a lo largo del planeta. Solo en Estados Unidos, como indica TP en su página web, hay más de "700.000 toneladas" de basura nuclear almacenadas en gigantescas naves que mantienen un hermetismo absoluto a la hora de gestionar la vida de esta materia que tarda miles de años en desintegrarse.

Según el ideólogo de Windows, el uranio empobrecido ofrece una seguridad mayor, puesto que reduce al mínimo los riesgos del proceso de fisión y genera un residuo más fácil de gestionar. Además, hay quien dice que la utilización de esas reservas impediría que fuesen utilizadas en la industria armamentista, una de las grandes preocupaciones de muchos gobiernos de Occidente. El proyecto, que ahora cuelga del Ministerio de Ciencia y Tecnología chino, pretende lograr un reactor ('traveling wave-reactor') de un solo uso, que no habría que recargar, y que tendría una vida útil de entre 40 y 60 años en los que podría trabajar sin interrupciones.

"Con una pequeña carga de ocho toneladas podría generar 25 millones de 'horas de electricidad' que servirían para alimentar a 2,5 millones de hogares durante un año", se puede leer en la web de la compañía, en la que afirma que el nuevo reactor "permite caminar hacia la emisión cero de CO2".

Las lecciones de Fukushima

"Van a ser increíblemente seguros", afirmó Gates, consciente de que cualquiera de estas iniciativas puede evocar la crisis que tuvo que gestionar Japón tras el tsunami del pasado marzo, y que ha forzado a decenas de países a acelerar sus planes de desmantelamiento de las centrales nucleares.

"El nuevo diseño refleja las lecciones aprendidas de Fukushima", añadió al respecto, insinuando que las nuevas vasijas fuesen capaz de resistir el impacto de una gran ola o un seísmo. Algo que puede sonar contradictorio con la idea de que la vigilancia de los procesos dependa de un sistema informatizado que no requiera de la presencia de un técnico. "No precisarán ninguna acción humana para permanecer seguras todo el tiempo", explicó sobre esta posibilidad.

La nueva generación de reactores no pasa de ser una idea embrionaria a la que le queda un largo camino para saltar del papel al mundo real.

Mientras Occidente intenta reinventarse para salir de una crisis asfixiante, China se conjura para desbancar a EE UU como la primera potencia económica gracias a un voraz desarrollo industrial que necesita de un gran suministro energético para sostenerse. Para Lin Boquian, director del Centro de Investigación de Economía y Energía de la Universidad de Xiamen, la asociación "puede elevar el perfil" del sector energético del país. "Bill Gates no puede encontrar mejor socio dado su vasto mercado", afirmó tras conocerse el acuerdo.

China comercializa y desarrolla maquinaria de segunda generación mejorada. Una tecnología, obsoleta en Europa, que resulta atractiva y económica para países en vías de desarrollo que no sienten tanta presión social por las dudas y los temores que generan estos centros.

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