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En el corazón de la miseria y la dignidad

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laopiniondezamora

¿Qué se ha traído en la cartera? «Ganas de volver», responde sin pensarlo ni un minuto. Como tantas personas que vivendignidad una experiencia en el Tercer Mundo, por fugaz que sea, Maureli llega cargada de sensaciones. Voluntaria de Manos Unidas desde hace doce años, esta matrona que actualmente trabaja como enfermera en Atención Primaria no se pensó ni un momento la oportunidad que le daba «dejar de ver los proyectos solo sobre el papel y comprobar que la tarea que hacemos aquí sirve para mucho». Fue así como se embarcó hacia África junto a otros cuatro voluntarios españoles, entre ellos la responsable de Manos Unidas en Kenia.

Viajó a una zona donde la ONG despliega una magna obra. En el área de Malindi se ha mejorado la cobertura escolar rural interviniendo en 21 escuelas, lo que ha ayudado a subir el nivel de educación de cerca de diez mil alumnos. En concreto se han construido 88 nuevas clases, se han reformado 23, comprado 2.656 pupitres (exactamente 2.656), construido 21 tanques de agua (en una zona azotada por la sequía reduciendo enormemente las enfermedades provenientes de las aguas contaminadas) y 48 letrinas.

«Es necesario que los voluntarios y donantes sepan que sus aportaciones llegan y sirven para mucho», cuenta Maureli, consciente de la desconfianza contra la que tienen que luchar muchas veces las ONG cuando se pide ayuda y gestos solidarios con el Tercer Mundo. No es infrecuente preguntarse para qué sirve y cuestionar si realmente llega a buen puerto el dinero que se aporta. No es baladí pues concretar que se han comprado 2.656 pupitres, «porque han sido esos, ni uno más ni uno menos».

Cuenta esta voluntaria que Manos Unidas sabe «muy bien» cómo hace las cosas. «Antes de iniciar un proyecto se comprueba que el socio local es de fiar y las obras las hacen los habitantes de allí». Y aclara la delegada de la ONG en Zamora, Pilar Pilo, que cuando se ejecuta un proyecto «también se forma a técnicos para que solucionen los problemas». Si se compran tractores, por poner un ejemplo, alguien tiene que saber arreglarlos para cuando se estropeen. Y si se construye una balsa para abastecer de agua a la población, se prepara a un líder social para que controle y administre tan preciado bien en un país seco.

La de Maureli ha sido una experiencia inolvidable. Quizá a esta voluntaria zamorana, por su condición de enfermera y matrona, le sensibilizó especialmente la visita al hospital de Kasarani, a 15 kilómetros del centro de Nairobi (la capital de Kenia), construido por Manos Unidas en el año 2005. «Los alrededores son deprimentes, no te explicas cómo pueden vivir en esas condiciones pero después llegas al hospital y todo cambia. Lo tienen tan limpio, tan funcional; con su farmacia, las consultas, el laboratorio, los quirófanos, la sala de urgencias, pediatría donde la enfermera vacuna a 60 niños al día, el paritorio...».

Allí vienen al mundo bebés que de otra manera estarían condenados a nacer en inhabitables chamizos de lata porque para el común de los keniatas es imposible hacerlo en un hospital privado, previo pago de 20 euros. La mayoría vive en niveles extremos de pobreza.

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