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´La ONU aún no sabe cómo definir lo que es un pobre´

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laopiniondeTenerife

Jordi Folgado Ferrer, sobrino del impulsor de una de las organizaciones de ayuda al desarrollo con más prestigio definirinternacional, está hoy en Tenerife para agradecer el apoyo de los más de 5.000 colaboradores de la Fundación en las Islas, explicar sus resultados y los nuevos retos.

–El lema de la Fundación es transformar la sociedad en humanidad. ¿Cómo se traduce ese mensaje en la acción?

–Partiendo de un principio que compartíamos con Vicente: el ser humano tiene la necesidad de ayudar, pero hay que mostrar una mano que le dé confianza. Nosotros hacemos ver que es necesario que la sociedad colabore con otra parte, de esta y del Tercer Mundo, que necesita de su ayuda. Y el hecho de que se logre unir a estas dos partes es más que una frase que tiene la Fundación. Realmente es transformar la sociedad en humanidad.

–Esa necesidad de ser ayudado y de ayudar, ¿cómo la ha cambiado la crisis?

–Vicente decía: "Jordi, cuando medimos la historia en tramos cortos parece que la humanidad vaya mal; pero cuando analizamos la humanidad en tramos un poco más largos vemos cómo va mejorando el ser humano". A pesar de que aquí nos afecta mucho, hay que pensar que en otras partes del Tercer Mundo, qué más quisieran ellos que tener esta crisis que estamos viviendo. Hemos de pensar que hoy hay millones de personas que no comen. Y aquí nadie discute ni el derecho a la educación ni a la posibilidad de no comer. Los recortes los estamos notando pero nuestra base social es muy fuerte, muy sólida. Cree muy firmemente en la organización. Es cierto que las instituciones públicas y las empresas, con los recortes que están teniendo en los ingresos, están repercutiendo en cantidades importantes. Pero tienen que tomar conciencia de que no pueden rebajar los niveles de ayuda que están dando porque las escalas son muy diferentes.

–¿Cómo de distintas?

– En India cuando una persona de una zona rural, los dálits (una comunidad marginada dentro del férreo sistema de castas) no va a trabajar, al día siguiente no puede comer. La gente en muchas áreas está trabajando a cambio de su salario, que es el aporte de uno o dos kilos de arroz que van a necesitar al día siguiente la familia para comer. Luego, claro es que es muy dispar. En su medio, también les ha afectado nuestra crisis porque los precios de los alimentos se han disparado y en algunas zonas hasta el doble en productos como el arroz , básicos en su alimentación. Hay unas diferencias tan, tan grandes, que en nuestra forma de vivir, en nuestro estatus, es difícil de comprender.

–¿Qué es ser pobre?

–Pobre no es una persona que gana 1, 2 ó 3 euros al día. Eso no es verdad. Pobre es cuando se tiene una necesidad y no hay nadie que te ayude. Si hablamos de extrema pobreza, cuando alguien puede comer, en su familia no hay nadie enfermo y si llueve, no se moja, no se es pobre, se es más feliz que nosotros. Y aquí se puede ganar mucho dinero pero si enfermas de cáncer, nadie te puede ayudar y se es también pobre. Con Vicente nos reíamos muchísimo porque cuando se aprobaron los Objetivos de Desarrollo del Milenio que afirmaban, por ejemplo, que en el 2015 no habrá pobres él decía: "Jordi, no te preocupes porque cuando llegue el 2015, el objetivo será en 2025, y después, en 2050". Algo tan simple como definir qué es un pobre aún no saben cómo hacerlo.

–O sea, que su tío era algo escéptico respecto a los propósitos de la ONU.

–Decía que creía mucho en las personas, pero no tanto en el conjunto de su sociedad. Cuando decimos quién es el responsable de erradicar la pobreza, todo el mundo siempre se dirige a las grandes instituciones. Esto no es verdad porque si algo hemos aprendido es que los recursos sin sistemas no sirven de nada. Sólo para solucionar problemas de forma momentánea. De la misma forma que si tienes sistema pero no recursos, avanzas, pero muy despacio. Lo ideal es que las personas que han creado los sistemas de trabajo se junten con los recursos, porque luego el proyecto avanza de forma sostenible y muy deprisa. Es como un partido en el que juegan dos equipos: las ONG que trabajan en el campo, con sistemas, y los recursos de las instituciones. Cuando los dos van juntos, el camino se anda muy deprisa.

–Se suele tender a la desesperanza generalizada cuando se piensa en la erradicación de la pobreza. Otros opinan que es una quimera. ¿Cuál es su enfoque?

–La esperanza es algo que no podemos perder. Estamos queriendo solucionar un tema muy grande y muy grave en un espacio corto de tiempo. Y queremos todos tener las cosas de hoy para mañana terminadas. No vamos a tardar muchos años en que el conjunto de la humanidad se dé cuenta de que todo el mundo ha de participar en ese desarrollo.

–¿En qué medida una co yuntura de crisis como la actual puede ser un punto de inflexión para asumir ese proceso y colaborar en él?

–La crisis debe ser una oportunidad. Si esta sociedad en su conjunto no toma conciencia de este punto de inflexión, los problemas que hoy tenemos no serán más que una punta del iceberg. Las personas no pueden estar indefinidamente sufriendo porque luego se rebelan. Hay que solucionar los problemas antes de que exploten, con la máxima celeridad que podamos.

–Este segundo año tras la desaparición de Vicente Ferrer también se ha promovido a la Fundación como candidata al Premio Nobel. ¿Qué puede significar un premio como este?

–Hay un movimiento muy potente este año, tan grande que nosotros decíamos que ya no importaba que no nos dieran el premio, lo habíamos conseguido. Porque hubo una repercusión mediática y de fidelización enorme. Nos ayudó mucho a consolidarnos como una organización de prestigio. Porque no somos una gran organización pero sí que se tiene muy en cuenta en lo que dice y en lo que hace. Nos invitaron a Bruselas para que explicáramos delante de más de 50 embajadores cómo es posible que siendo pequeña tuviera resultados tan grandes. Y nos cuestionaron sobre si sería replicable en otra parte y respondimos que sí, sin duda.

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