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Jaume Sanllorente: 'El tráfico humano es la esclavitud de los tiempos modernos'

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elmundo

10-06-2011Después de cinco años viviendo por y para Sonrisas de Bombay, la ONG que fundó en 2005 y que cambió su vida, el catalán Jaume Sanllorente (Barcelona, 1976) decidió meterse de lleno en su oficio de periodista para narrar el drama del tráfico de personas destinadas al negocio del sexo.

Pasó dos meses en Filipinas. Visitó burdeles y se hizo pasar por cliente. Habló con proxenetas y meretrices y recabó datos de las escasas organizaciones que combaten esta lacra que se extiende día a día, al amparo de la impunidad. La ley contra la trata de blancas aprobada por el Gobierno filipino en 2003 sólo ha sentado en el banquillo a 15 personas.

El resultado de esta investigación es 'La canción de la concubina' (Espasa Calpe), ficción novelada de una cruda realidad oculta tras las luces de neón, que afecta a 161 países y mueve 31,6 millones de dólares al año, según la Oficina de la ONU sobre Droga y Crimen.

El 56% de las víctimas, cuyas edades oscilan entre los 16 y los 24 años, está en Asia y el Pacífico. Pero España es uno de los principales destinos de las jóvenes víctimas de trata, para ejercer la prostitución.

Las bambalinas del negocio

A través de dos historias paralelas, la del abogado Enrique Guzmán y su enfrentamiento con una importante red de prostitución, y la de las gemelas Alma y Tessa, entregadas por su padre a un proxeneta, Sanllorente nos muestra, con intriga, amor, acción, e incluso humor, las bambalinas de la trata de mujeres en Asia. Una historia que empieza en muchos casos en zonas rurales, con la venta de adolescentes a hombres sin escrúpulos, bajo falsas promesas de empleo, y acaba en sórdidos clubes donde las chicas trabajan a destajo, amenazadas, maltratadas y sometidas a vejaciones.

"Durante mi investigación en Filipinas tuve la oportunidad de ver los vídeos que las organizaciones contra la trata de personas utilizan como pruebas. En ellos se ve a las chicas encerradas en jaulas de techo bajo, durante el tiempo en el que no están trabajando. Cuando se quedan embarazadas, las separan de sus hijos, que también suelen ser prostituidos, incluso siendo bebés", cuenta Sanllorente todavía con un gesto de horror al recordarlo.

"Después de conocer de primera mano el drama de estas mujeres, no pude volver a acercarme siquiera a la zona de los burdeles", asegura.

Salir de este círculo de horror es casi imposible para estas jóvenes. "Cuando un miembro de estas organizaciones contacta con ellas, logra que se confíen y confirma que están retenidas contra su voluntad lo denuncia y suele haber una redada policial. Pero muchas veces los proxenetas reciben el chivatazo y antes de que lleguen los agentes esconden a las chicas en los falsos techos. Y ellas no suelen gritar para salvarse, porque las atemorizan con que si lo hacen serán llevadas a otro lugar peor", explica el autor.

Volver a casa tampoco es solución. En una sociedad católica como la filipina, haber sido prostituta es garantía de marginación y, además, muchas no quieren saber si fueron vendidas.

Esta y otras realidades aparecen reflejadas en 'La canción de la concubina', cuyo título hace referencia a una canción de cuna filipina que dice: "Ojalá los días pasados nunca se hubieran transformado. Y fuera todo como cuando era un bebé en brazos de mi madre".

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