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Las asociaciones benéficas piden auxilio asfixiadas por la crisis

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lavozdegalicia

 

Algunas de las asociaciones que trabajan en Galicia en labores benéficas lanzaron ayer un mensaje de auxilio ante la grave crisis económica que azota la comunidad, una recesión que ha disparado el desempleo y el número de personas en riesgo de exclusión social. La solicitud de ayuda que reciben estas entidades crece de forma vertiginosa, mientras que los presupuestos que manejan han bajado como consecuencia de los recortes en subvenciones públicas y donaciones privadas. Esto ha conducido a problemas de aprovisionamiento en alimentos de primera necesidad en muchos de los comedores que gestionan estos colectivos.

Presidentes de ocho agrupaciones gallegas que participaron ayer en un acto en Santiago hicieron un llamamiento conjunto a la cooperación solidaria de instituciones y empresas para ayudar a los desfavorecidos. El mensaje de auxilio lo han lanzado de forma conjunta las cocinas económicas de Ferrol, Santiago y A Coruña; la asociación Renacer -también coruñesa-; Cottolengo, de Santiago; Sal de la Tierra, de Vigo; Refugio, de A Coruña, y el Hospital Asilo Nuestra Señora de los Ángeles, de Ribadavia. Todas ellas suscribieron ayer en la capital gallega un convenio con la empresa de distribución Vegalsa-Eroski, que se ha comprometido a atenuar los efectos de la pobreza mediante la donación de productos de primera necesidad.

El balance sobre la evolución de demandantes ofrecido por las entidades revela la crudeza de una crisis que se evidencia en el fuerte incremento de afluencia a los comedores sociales desde el 2008, justo cuando se inició el declive.

En la cocina económica ferrolana, por ejemplo, la media de usuarios en los últimos dos años ha pasado de 96 a 188. Y en Santiago de 185 a 245. En Sal de la Tierra, en Vigo, también se ha duplicado la afluencia. Al incremento de demandantes se suma otro cambio que ha provocado esta crisis: un nuevo perfil de usuario. La imagen del desfavorecido se asociaba hasta ahora al desarraigo de los indigentes y los extranjeros sin papeles o a personas con problemas de alcoholismo y drogas. Pero a los comedores sociales acuden ahora también jóvenes parados con formación, trabajadores en precario con sueldos inferiores a mil euros o familias enteras con niños, según revelaron ayer en Santiago los responsables de distintos comedores sociales.

«En el nuevo perfil se incluyen desempleados menores de 55 años, que antes de la crisis no pasaban apuros y que ahora tienen muchas dificultades para hallar trabajo», puntualizó ayer Emilio Suárez, tesorero de la cocina económica de A Coruña.

Algunas entidades que operan en el ámbito de la beneficencia, como el hospital asilo de Ribadavia, alertan de que el descenso en las aportaciones podría abocarlos a convertirse en una residencia que se dedica solo al negocio de cuidar mayores. «Se ha producido una reducción considerable a nivel de instituciones públicas y también de las obras sociales de las cajas de ahorros», lamentó ayer Bernardo Dávila, gerente del hospital asilo Nuestra Señora de los Ángeles, de Ribadavia.

La gravedad de esta recesión económica, con los niveles de paro en máximos históricos y con escasos indicios que apuntan a una pronta recuperación, llevó ayer a ocho entidades a alertar a instituciones públicas y empresas de la necesidad de tomar conciencia del grave problema social que supone la pobreza.

«No cuesta vidas, pero esta crisis es como un terremoto que ha devastado muchas economías» José Fernández

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