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Carne y pieles de foca para China

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06-03-2011bisEl pasado mes de febrero, la ministra de Canadá de Pesca y Océanos, Gail Shea, viajó a Pekín acompañada de responsables institucionales de Terranova y de Nunavut. En la capital, los representantes canadienses cerraron un acuerdo para exportar carne, grasa y pieles de foca para su consumo en China. No se han dado a conocer las cifras totales de este contrato comercial, pero la ministra considera el tratado como «una ocasión de oro» para los cazadores de focas y de su industria de transformación. El sector del lujo en China, al que estarían destinadas las pieles de los animales, ha multiplicado por tres sus puntos de venta. Se estima que el país se convertirá en 2015 en el primer mercado mundial de la opulencia.

Canadá se ha visto obligado a buscar nuevos mercados. Desde el pasado año, está en vigor una normativa que prohíbe la distribución de productos de foca en los países de la Unión Europea. Así que la ministra Gail Shea tiene que lidiar con un asunto muy delicado. Recientemente, activistas canadienses del grupo PETA (que propugnan un tratamiento ético para los animales) le estamparon en la cara una tarta de tofu. Y, en el resto del planeta, las imágenes que acompañan esta información tienen una difícil defensa, la verdad. Pocas escenas hay en este mundo más impactantes que el sacrificio de un indefenso animal. Y si, además, se trata de decenas de miles de focas que se arrastran por las níveas banquisas de Terranova y de las islas Magdalena, las razones científicas y económicas pierden peso. Aunque los argumentos de los opositores a la caza de focas estén basados en «emociones, prejuicios y en la ignorancia de los hechos», como resalta el escritor canadiense Joseph Facal, quien establece paralelismos entre el sacrificio de las focas y las corridas de toros.

Lo cierto es que muchos europeos han tenido en su cuarto el cartel de un blanco bebé foca de húmedos ojos negros. Y que la campaña internacional promovida por la actriz Brigitte Bardot logró, en 1987, que dejaran de cazarse los llamados 'mantos blancos', en realidad, bebés foca de Groenlandia (whitecoats) y bebés de focas de casco (bluebacks).

Material afrodisíaco

Los grupos conservacionistas, como la Fundación Altarriba, denuncian por boca de su directora, Matilde Figueroa, que la «matanza tiene por único objeto surtir de pieles al mundo de la moda» y de «material afrodisíaco, obtenido del pene y de los testículos de los machos de foca, a los mercados de Extremo Oriente».

El Gobierno de Canadá, en cambio, resalta que las focas son una importante fuente de ingresos para unas 6.000 familias de las alejadas y desfavorecidas comunidades costeras del Norte y del Este del país. También airea que, en la zona donde tiene lugar la cacería, viven 6,9 millones de ejemplares y que su población se ha triplicado desde los años setenta. De estos, unos 300.000 son focas grises, los únicos que interesan a la industria y de los que este año se sacrificarán 60.000. «El número de focas es el más elevado de los últimos treinta años, por lo que, de ninguna manera, puede considerarse una especie en extinción», señala en un documento el Ministerio de Pesca y Océanos, que defiende el estricto control de estas campañas y califica el 'hakapik', el bastón con un gancho metálico en la punta con que se golpea la cabeza de las focas, como «un instrumento igual o incluso más humanitario que los utilizados en los mataderos, que sí están aceptados por la opinión pública».

Canadá tampoco vive ajeno al debate que suscita el tema. Hace unas semanas y en una serie juvenil, 'Sangre real', uno de los personajes, Sophie, descubre que su apuesto pretendiente, el príncipe Guy, Emperador Supremo de Macedonia, ha participado en la caza de bebés foca. «Esa carnicería acabará en cuanto nos casemos», le advierte al joven. Más adelante, la propia Sophie descubre que sus antepasados también mataban focas. Ni corta ni perezosa, decide hacerse una transfusión. «Noto que mi sangre de cazador de focas abandona mis venas. Ya me siento menos sucia», declara. Los responsables de la serie se disculparon alegando que todo era «una broma». Algo que no sentó demasiado bien a Denis Longuépée, presidente de la asociación de cazadores. «Están trastornados», criticó.

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