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Lujo solidario para luchar contra la droga

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Son los voluntarios los que mueven, gracias a sus horas de entrega, la Fundación Padre Garralda-Horizontes Abiertos que ayer inauguró el segundo centro de rehabilitación de drogadictos que la fundación tiene en Madrid. «Creamos proyectos terapeúticos, no penitenciarios», insistió Jaime Garralda ayer durante su presentación a la que acudieron numerosas personalidas.

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Entre ellas, el alcalde de la capital, Alberto Ruiz Gallardón y el Presidente de Caja Madrid, Rodrigo Rato. Su fundación es el principal apoyo económico para las iniciativas de esta asociación: «Respaldamos esta obra porque está dirigida a las personas más frágiles y en ellas se da un tratamiento integral e individualizado», comentó Rato.

Ideado para curar
Tan solo lleva dos semanas en funcionamiento  pero en el centro ya trabajan a pleno rendimiento. Gracias a numerosas donaciones el centro está totalmente equipado: «Las ochenta camas provienen de un hotel que los  hermanos Vargas Zúñiga tienen en Sevilla», explica María Matos, la presidente de la Fundación. En los 7.500 metros cuadrados que ha donado el ayuntamiento se ha construido un edificio único, diseñado por uno de los responsables del centro, el doctor Rafael Coullat-Valera: «Está pensado para curar, por eso hemos prestado mucha atención a la funcionalidad de sus estancias», añadió. Dos talleres para fomentar la creatividad de los internos, una biblioteca donde además de leer pueden navegar por internet y varias habitaciones donde descansan los enfermos, completan el piso superior del centro.

La recepción, la cocina y las salas comunes se situan en la planta baja. Todas ellas están regadas de luz permanente ya que los grandes ventanales son indispensables en el centro que busca «ennoblecer a las personas que ingresen en él. Aquí podrán mejor su confianza y elevar su autoestima», indicó el Presidente de la Caja madrileña.

Antes de comenzar su construcción, en 2007, se valoraron varios puntos. Además de estudiar la luz, se ha buscado la socialización de los enfermos, evitar su aislamiento y como demuestran varios de los 14 enfermos que viven en el edificio de Las Tablas, lo han conseguido.

A lo largo de la visita, recorren los pasillos algunos de los ingresados que, tímidos ante tanta presencia mediática, bajan la cabeza y prefieren mantenerse al margen del ocasional revuelo, aunque no todos huyen de los «flashes», algunos reconocen que su paso por este centro les está ayudando.

Todos provienen del otro proyecto que la Fundación Padre Garralda destina para ayudar a los drogodependientes, la Centro Terapeútico Barajas que pertenece al Ayuntamiento de Madrid. Es uno de los mayores centros de deshabituación de drogadicciones y  junto al que acaban de inaugurar buscan «llevar los medios de los ricos  a todos los que lo necesitan», concluyó Garralda.

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