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El resurgir de Obama asusta a la oposición

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El enroque de los máximos dirigentes del Partido Republicano en el Senado al llamar a rechazar el nuevo tratado de armas nucleares entre Estados Unidos y Rusia movilizó ayer a la maquinaria demócrata para tratar de salvar el proyecto en una votación clave que debería producirse a lo largo de esta semana.

Mientras Barack Obama levantaba el teléfono para llamar personalmente a los legisladores de la oposición más proclives a respaldar el Start, el líder de la mayoría demócrata, Harry Reid, admitió que sería necesario realizar un intenso combate «casa por casa» para alcanzar los 67 votos necesarios, o lo que es lo mismo, los dos tercios de la cámara. El partido gobernante cuenta con 58 escaños, por lo que es preciso el apoyo de al menos nueve republicanos.

Si a finales de la semana pasada no parecía tarea complicada alcanzar esa cifra gracias al espíritu bipartidista que presidió el acuerdo para prorrogar los recortes de impuestos de la era Bush, el ambiente de colaboración se ha desvanecido de pronto tras el triunfo de la ley que permite a los homosexuales servir en el Ejército sin tener que ocultar su orientación. Para algunos prominentes senadores conservadores el golpe ha sido muy duro, y aunque ambas medidas tengan muy poco que ver entre sí, el temor es que un pacto que permita la aprobación del acuerdo antes de fin de año serviría para revitalizar a un debilitado presidente y a su partido tras la contundente derrota sufrida en las elecciones de noviembre.

Ratificación «urgente»

En ese contexto cabría interpretar las dos enmiendas consecutivas presentadas por los legisladores de la oposición destinadas a bloquear el tratado que no llegaron a prosperar. En ese sentido, el senador republicano Jon Kyl considera que el documento solo debería ser aprobado si de forma paralela se consigue el compromiso de Rusia para iniciar unas negociaciones generales sobre el uso de su armamento nuclear de corto alcance. «Para los rusos las armas nucleares son un arma de campo de batalla, igual que la artillería. Su doctrina militar actual es usar ese tipo de arsenales», sostuvo Kyl, al tiempo que apuntó que se debería haber avanzado en este sentido. «No sé si no se ha hecho por falta de dirección o por la pobreza de las negociaciones, pero en cualquier caso estamos en jaque», aseveró.

Reid tildó los movimientos de los conservadores de maniobras disuasorias que ponen en peligro una ratificación que calificó de «urgente». Tras expirar hace un año el primer Start firmado en 1991, los trabajos de inspección y verificación de los arsenales nucleares de las dos potencias se encuentran paralizados. «Lo importante es decidir si estamos dispuestos o no a mantener el armamento atómico fuera del alcance de los terroristas», declaró con crudeza el líder demócrata.

Desde la Casa Blanca, el portavoz presidencial, Robert Gibbs, se mostró convencido ayer de que el proyecto de ley saldrá airoso de su tramitación parlamentaria. Una primera votación de procedimiento está prevista para mañana, antes de que se produzca un pronunciamiento final sobre el acuerdo.

Entre las razones para negarse a apoyar al texto, el líder de la minoría en el Senado, Mitch McConnell, rechazó las presiones indicando que tantas prisas de cara a firma el acuerdo antes de Navidad tienen como objetivo «meter en aprietos» a su partido. A su juicio hay motivos que aconsejan la revisión a fondo de algunos apartados clave, como el sistema de verificación establecido. También manifestó su preocupación de que el pacto limite las opciones de defensa estadounidense con misiles, extremo rebatido el sábado por Obama cuando indicó que no hay restricciones al sistema para proteger a Estados Unidos y sus aliados de ataques con misiles balísticos.

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