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El largo secuestro de AQMI acabó con la liberación de cooperantes españoles

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Los cooperantes españoles Albert Vilalta y Roque Pascual se convirtieron en 2010 en los rehenes secuestrados por Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) durante más tiempo: 267 largos días que tuvieron un desenlace feliz con su liberación.

La pesadilla comenzó el 29 de noviembre de 2009, cuando la caravana humanitaria de la ONG Barcelona Acció Solidaria recorría la principal carretera de Mauritania, entre Nuadibú y Nuakchot, y un grupo de terroristas detuvo el vehículo en que viajaban Vilalta, Pascual y Alicia Gámez, y los secuestró a punta de pistola.

Apenas un mes después de que AQMI reivindicase la autoría en una grabación difundida por el canal qatarí "Al Yazira", esta organización hizo llegar en enero al Gobierno español un vídeo en el que aparecían los tres rehenes en el desierto de Mali junto a sus captores, en la primera "prueba de vida" que éstos enviaron.

El 11 de febrero, el negociador mauritano Mustafa Uld Limam Chafi (que desempeñó un papel clave en la liberación) consiguió una nueva grabación que mostraba a los españoles con vida y a Vilalta herido en una pierna.

Treinta días después, el 10 de marzo, llega la primera buena noticia desde el desierto del norte de Mali: Gámez, la única mujer del grupo, es liberada por sus secuestradores, que alegan su supuesta conversión al islam como motivo para su puesta en libertad.

Mientras Vilalta y Pascual continuaban secuestrados, la investigación por parte de las fuerzas mauritanas seguía su curso y conseguía la detención de uno de los principales inculpados por el rapto, el maliense Omar Sid'Ahmed Uld Hame, más conocido como Omar Saharaui.

Saharaui fue capturado en una operación secreta del Ejército mauritano en territorio de Mali, y de allí trasladado a Nuakchot, donde fue formalmente acusado por un tribunal mauritano de ser el "cerebro" logístico del secuestro.

El ministro español de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, viajó a Nuakchot en junio entre rumores de que AQMI podría haber reclamado la liberación de varios de sus terroristas en cárceles mauritanas a cambio de soltar a Vilalta y Pascual.

Sólo tres días después de esa visita, el titular de Defensa mauritano, Hamadi Uld Hamadi se manifestaba contundentemente: "La puesta en libertad de terroristas está fuera de cuestión".

El 29 de julio, Saharaui fue condenado en primera instancia por el Tribunal Penal de Nuakchot a doce años de prisión acompañados de trabajos forzados, una pena que fue confirmada tres semanas después en apelación y que sorprendió a muchos analistas por su tibieza.

Las cosas todavía se iban a complicar más para Vilalta y Pascual: El Ejército mauritano, apoyado por Francia, lanza una ofensiva en el norte de Mali contra AQMI en la que, pese a matar a siete terroristas, fracasa en su intención de librar al rehén francés Michel Germaneau, quien será ejecutado dos días después.

En aquel momento, el temor por la suerte de los españoles alcanzó su punto máximo, acrecentado también por las informaciones que señalaban que el jefe de la célula más radical de AQMI, el argelino Abdelhamid Abú Zeid, podría haber presionado al líder de los captores de los españoles, Moctar Belmoctar, para que los asesinase.

Sin embargo, el 17 de agosto, en una rápida y algo confusa sucesión de acontecimientos, se conoció la extradición a Mali de Omar Saharaui el día anterior, un hecho que se ha vinculado de forma decisiva con la liberación de los rehenes.

Sólo cinco días llegó la noticia más esperada: Vilalta y Pascual habían sido puestos en libertad por los terroristas de AQMI.

Después de viajar a Burkina Faso acompañados por el negociador Chafi, un avión de la Fuerza Aérea Española aterrizó finalmente el 24 de agosto en el aeropuerto barcelonés del Prat con Vilalta y Pascual a bordo.

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