Imprimir

¡Demagogia for President!

on . . Visitas: 345


Las elecciones autonómicas al Parlamento de Cataluña están retratando un nivel político digno de un sainete de Arniches, o de un esperpento de Valle-Inclán. Y no sólo porque haya candidatos que cuenten en sus filas con actrices porno o con grotescos personajes de la farándula; ni porque partidos serios utilicen estrategias electorales tan zafias como videos promocionales que incluyen gemidos u orgasmos, y videojuegos donde se presenta a una candidata como una heroína de ficción.

Ejemplos sonrojantes

Entre los despropósitos más clamorosos de la estrategia electoral, por las consecuencias que puede conllevar, ha destacado el uso demagógico y populista de la inmigración. La mayor parte de las fuerzas políticas catalanas se han sumado, de un modo u otro, a una presentación sesgada del fenómeno de la inmigración, «que oculta por sistema la riqueza de los inmigrantes, que tiene tintes xenófobos y no da soluciones para la verdadera integración», en palabras del Presidente de Justicia y Paz, de Barcelona, don Arcadi Oliveres.


Ejemplos sonrojantes de esta situación los hay de todos los colores políticos. El ex ministro de Trabajo y miembro del Partido Socialista de Cataluña, don Celestino Corbacho, exclamó en un acto de la pre campaña electoral que «las normas no las pueden poner los últimos que se han empadronado», y afirmó que los inmigrantes han metido presión sobre la tasa de paro. En el otro extremo del arco parlamentario, la candidata del PP, doña Alicia Sánchez Camacho, ha propuesto expulsar a los inmigrantes sin trabajo y es la protagonista de un videojuego electoral en el que se disparaba a extranjeros sin papeles (algo que, naturalmente, fue corregido después por el grupo popular). También el líder de ERC, Joan Puigcercós, aseguró que, «independientemente de su origen o creencia, para ascender socialmente, para tener las mismas oportunidades», los inmigrantes tienen que saber hablar catalán. La palma se la llevan formaciones minoritarias, como PxC, cuyo líder defiende que «aquí ya no cabe ni un solo inmigrante más» y que «nos va a tocar a los valientes expulsar a los musulmanes y a los sudacas». Según don Arcadi Oliveres, «este tipo de discurso no es de ahora; viene de hace años. Hay partidos minoritarios claramente racistas y xenófobos, y lo grave es que partidos grandes, como el PP o el PSC, se han sumado a ese discurso populista para arañar votos, no para solucionar el problema».

Un equilibrio complicado

Lo cierto es que, si los partidos han caído en esa demagogia, es porque el electorado catalán no la rechaza. Muchos ciudadanos, y no sólo en Cataluña, viven la inmigración como un verdadero problema, por la falta de integración de no pocos extranjeros. Es el difícil equilibrio entre la persona que tiene derecho a emigrar y la sociedad que tiene derecho a conservar su cultura, frente a otras antagónicas. Oliveres asegura que «casi el 80% del electorado catalán rechaza la inmigración. Esto se debe a que se muestra de forma muy sesgada el papel que tienen los inmigrantes en nuestra sociedad. Hay miles de extranjeros que se adaptan a nuestra forma de vivir y que nos enriquecen con su trabajo, con su cultura y con sus diferencias, pero eso no sale en los medios». Además, asegura que «éste es un problema de toda España, que aquí se vive intensamente. En Cataluña hay quien lleva 40 años y dicen que no se integra, porque no habla catalán. En realidad, la inmigración debería ser vista como fuente de riqueza, no de conflicto».

Sin demagogias para el futuro

A pesar de que ningún político catalán parece darle importancia, el Presidente de Justicia y Paz de Barcelona -y de organizaciones como el Consejo Catalán del Fomento de la Paz, o la Federación catalana de ONG para la Paz- propone que la solución al difícil asunto de la integración pasa «por la información y por la educación para la convivencia. Como economista, sé que la crisis hace ver a los inmigrantes como enemigos, cuando en realidad han ocupado nichos de trabajo que nos han enriquecido. Las diferencias culturales que nos separan deben salvarse desde la voluntad para convivir y enriquecernos mutuamente». Y remarca: «La falta de integración es algo generacional, que en unos años se subsanará. Hemos llegado al punto álgido de este asunto, y lo que tenemos que hacer es educar a los niños y a los adultos para convivir, sin crear guetos, ni levantar fronteras, ni usar discursos demagógicos». Un consejo que, quizá, a los políticos catalanes les llega tarde...

Utilizamos cookies para mejorar nuestro sitio web y para ofrecerle contenidos más interesantes. Para obtener más información sobre las cookies y cómo eliminarlas, consulte nuestra Política de Privacidad.

Sí, acepto cookies de esta web