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El condón hace historia

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Joseph Alois Ratzinger tenía dos años y correteaba con sus dos hermanos por las calles de Tittnoning (Alemania) cuando unas pequeñas 'fundas' de caucho empezaron a inundar las farmacias europeas. Uno de los gigantes del mundo de la profilaxis, Durex, dio en 1929 el primer gran impulso al método anticonceptivo más usado actualmente en el mundo: el preservativo. Hoy se venden en todo el planeta alrededor de 15.000 millones de condones anuales. Y, camino de un siglo después, aquel Joseph Alois Ratzinger, ya crecidito y convertido en Benedicto XVI, ha dado un primer e histórico 'espaldarazo' moral de la Iglesia católica al preservativo. Aunque con matizaciones de la Santa Sede, intentos institucionales de 'marcha atrás' y falta de concreción del mensaje, lo cierto es que el Papa ha roto con el inflexible veto del Vaticano al preservativo fijado en 1968 por Pablo VI en la encíclica 'Humanae Vitae'. Casi como Armstrong en la Luna, el pequeño paso de Benedicto XVI al justificar el uso de profilácticos por parte de prostitutas es un gran paso para la legión de defensores del condón como mejor medio de lucha contra el sida y otras enfermedades de transmisión sexual.

Lo del Papa ha sido un vendaval, pero hace tiempo que en la Iglesia soplaban aires de cambio, cierta indulgencia hacia el látex. Hace menos de un mes, decenas de atónitos peatones buscaban una cámara oculta junto a la estación de tren de Lucerna (Suiza). Miraban y remiraban un puestecillo con el distintivo de la Diócesis y en el que se repartían... condones gratis. «Olvidar es contagioso: protege al prójimo como a ti mismo» fue el lema de la pionera campaña lanzada por la Iglesia católica de Lucerna, duramente hostigada por el Obispado del cantón de Bale. Aunque lo de Lucerna es sólo una brisilla; la postura mayoritaria del clero sigue estando más cercana a la manifestada no hace mucho por el obispo de Kenia, apoyado por el Vaticano, tea en mano y quemando en la sabana africana miles de preservativos como medieval campaña con la que concienciar a la población de que el condón lo único que hace es propagar el sida. Podría tildarse de grotesco. En todo el mundo hay 5,2 millones de infectados por el VIH. El 63% en África. En este continente, a excepción de Sudáfrica, la venta de preservativos es prácticamente nula. Sólo el reparto de profilácticos por parte de la ONU y algunas ongs impone un mínimo freno a la pandemia.

Asia, el gran filón

El veto al condón no es coto único del catolicismo. El Islam también lo ve como un artilugio pernicioso y diabólico. «Dios nos ha gratificado con la religión islámica, que será eternamente el remedio contra todas las enfermedades, entre ellas el sida». Aït Salem, a la cabeza de la Asociación de Ulemas Musulmanes Argelinos, batalló contra la intención de una ong de repartir 45.000 preservativos. «Incita a la fornicación», remata. Pero olvida los 14 millones de huérfanos por el sida que hay en su continente.

Claro que tampoco falta quien ve la oportunidad de negocio en el rechazo al preservativo que subyace en las comunidades islámicas. Incluso entre las más 'progresistas', como Turquía. Los hermanos Isik se han forrado con la venta de 'globitos'. Conscientes del sonrojo que la compra de preservativos causa a los turcos pusieron en marcha una web de venta de condones por internet. En sólo cuatro meses colocaron más de 30.000 unidades. Muchos clientes piden 200 de una vez. Protección para todo un año.

Pero hablar del negocio del preservativo es hacerlo de Japón. Junto a Tailandia, India y China (hasta en el látex se busca la mano de obra barata) es el principal productor mundial. Y también líder en consumo. Los nipones son poco 'calientes' pero muy seguros. Los menos fogosos del planeta (37 actos sexuales al año, frente a una media de 96) pero líderes mundiales en el uso 'per cápita' de profilácticos. Hay incluso comerciales que los venden puerta a puerta, como los cosméticos o las enciclopedias. Por una cuestión obviamente poblacional, Asia (con un tercio de la población mundial) es el gran filón para las firmas de preservativos. En China, entre 2003 y 2008 se dobló el volumen de ventas (de 340 a 700 millones de euros), un impulso promovido por el propio Gobierno para controlar la desaforada natalidad nacional. Sólo en este continente es posible que un exitoso comienzo de Corea del Sur en el Mundial de Sudáfrica o una prueba atómica del vecino del norte multiplique hasta por cinco la adquisición de condones entre los coreanos meridionales. Ya se sabe, juntos en las alegrías y en las penas...

Las cifras también destierran el mito del 'latin lover' en España. Con 90 coitos al año, estamos por debajo de la media mundial. Y cada vez menos precavidos. La compra de preservativos no deja de descender: de 128 millones en 2007, a 126 en 2008 y 124 millones el año pasado. Aunque no todo responde al triunfo de la 'marcha atrás'. La crisis de la 'capuchita' de látex coincide con otro apogeo: el de la píldora abortiva. Otro enemigo para el condón.

 

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