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Solidarios de ultramar

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El colectivo inmigrante es uno de los que peor lo está pasando a causa de la crisis económica. Los extranjeros son los primeros que han perdido el trabajo y además muchos no disponen del respaldo familiar para ayudarles a solventar situaciones a veces muy críticas.

Sin embargo, son solidarios, tal y como demuestra en Alicante la Asociación de Ciudadanos Latinoamericanos Nueva Realidad, que ha completado esta semana el reparto de más de 2.500 kilogramos de alimentos entre quienes apenas tienen para comer todos los días. Entre ellos, muchos inmigrantes, no sólo latinoamericanos, sino también europeos, asiáticos y africanos. Pero también, y esta es la principal novedad respecto a los repartos de otros años, bastantes españoles, que acuden a ellos para subsistir.

«El año pasado ya asistimos a los primeros españoles, que se enteraron de nuestra existencia a través de amigos latinoamericanos, que sabían que lo estaban pasando mal», señala el presidente de la asociación, el poeta ecuatoriano Ricardo Picó. Ya en 2009, el 10% de los alimentos repartidos por el colectivo era español y este año el porcentaje se ha incrementado hasta el 15%.

«Suelen ser personas que hasta hace poco nunca habían pasado necesidad y a los que la crisis les ha dejado sin nada y tienen mucha vergüenza de acudir a pedir ayuda», indica Picó.

La asociación que preside nunca les ha dado la espalda. «No queremos ni podemos ser exclusionistas a la hora de ofrecer nuestros servicios, porque igual que pedimos a los españoles que nos integren, nosotros hemos de ser los primeros en integrarlos a ellos», apunta el poeta.

Candidatos no les faltan. En cuatro años haciendo reparto de alimentos, han pasado de 40 familias destinatarias a 120. «Ahora tocan a 20 kilogramos de comida por familia, mientras que antes podíamos darles algo más, pero hay que llegar al mayor número de personas necesitadas posible», señalan.

De todo lo recaudado en el Banco de Alimentos, Cruz Roja y distintos supermercados colaboradores, no se desperdicia absolutamente nada. «Hace unos años, nos daba rabia, porque a veces veíamos que las personas a las que dábamos la comida seleccionaban lo que querían y lo que no, lo tiraban a la basura. Ahora es más fácil ver a gente buscando algo en la basura que tirándolo».

Además del reparto de comestibles, que realizan varias veces al año, la asociación Nueva Realidad ofrece una amplia gama de servicios dirigidos, éstos sí, mayoritariamente a la población inmigrante, que es la que más los necesita.

Entre ellos se encuentra la asesoría jurídica a la hora de arreglar los documentos necesarios para obtener el permiso de residencia o la nacionalidad española.

También acompañan a sus usuarios a los bancos para interceder por ellos a la hora de obtener créditos o hipotecas que, dice Picó, «si para los españoles se ha puesto cuesta arriba, para los inmigrantes es verdaderamente difícil».

Tanto que, añade, «muchos han perdido sus casas siguen debiendo 60.000 euros, por lo que están muertos civilmente y lo están pasando verdaderamente mal». A pesar de ello, «son pocos los que retornan a sus países de origen porque allí ya no tienen nada y sería como volver a emigrar».

Otro de sus servicios es defender a los inmigrantes de algunos casos de «persecución sistemática por parte de la Policía, sin motivos suficientes», denuncia el presidente.

Tenían también una bolsa de empleo, pero, lamenta Picó, «la hemos tenido que cerrar, porque no dejaban de llegarnos candidatos y currículos y, sin embargo, tal y como están las cosas, no teníamos ni una oferta de trabajo que darles».

 

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