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El fútbol como terapia

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Jugar al fútbol no requiere ser guapo, alto y con los ojos azules. Ni siquiera llamarse Cristiano Ronaldo o Lionel Messi y tener un físico portentoso. El fútbol no tiene dueño, es universal y cualquier persona en cualquier parte del mundo puede ponerse unas botas y saltar a un terreno de juego sin complejos y con la única finalidad de pasar un buen rato.Es lo que desde hace cuatro años viene realizando un grupo de personas que lucha por integrarse en la sociedad y que sufre en primera persona enfermedades como la esquizofrenia, el trastorno bipolar, problemas de la personalidad o depresiones mayores, entre otras patologías.

Aun así, estas enfermedades no son un obstáculo para que más de 100 personas entrenen dos veces por semana y compitan una vez al mes en un campeonato en el que no prima ser el mejor, sino integrar a personas desfavorecidas: «Es una liga con espíritu competitivo pero en el que prima la deportividad. Cada equipo gana un punto por presentarse y otro si es elegido el más deportivo. Antes premiábamos al jugador más goleador, pero ahora premiamos al jugador que más asistencias de gol da. Es una competición con una finalidad terapéutica en la que prima el trabajo en equipo y en la que se busca afianzar las relaciones sociales, la comunicación y el respeto», comenta Paco García, coordinador de Afemnor en Lorca.

Los Diablos Rojos, Los Vikingos, Los Apiceros, Los Afesmo, Los Águilas, Los Halcones del Noroeste y Los Titanes del Mar ya calientan motores para la segunda jornada y en cada entrenamiento sueñan con ganar la Liga, marcar el mejor gol o dar la asistencia más inverosímil. Tienen la misma o más que cualquier jugador de fútbol o fútbol sala de Primera División y se han acostumbrado jugar al fútbol saltando obstáculos.

Es una liga de fútbol sala de carácter regional en la que participan ocho asociaciones locales o comarcales de la Feafes, colectivo regional de familiares y personas con enfermedad mental. La liga regional de fútbol sala Pro Salud Mental es una actividad deportiva y terapéutica para personas con discapacidad por enfermedad mental. El embrión de la liga fueron los partidos no oficiales que montaban las asociaciones de Lorca y Totana en 2007.

Desde entonces son siete equipos los que participan de entre ocho asociaciones. Las jornadas se celebran el último viernes de cada mes y en ellas se disputan tres partidos con seis equipos y descansa uno. La IV edición se desarrolla de octubre de 2010 hasta junio de 2011 y tendrá sedes en Águilas (Afemac), Cartagena (Ápices), Lorca (Asofem), San Pedro del Pinatar (Afemar), Totana (Afemto), Cieza (Afemce), Cehegín (Afemnor) y Molina de Segura (Afesmo).

La próxima jornada se disputará en el Pabellón Central de Cartagena el 26 de noviembre. Los encuentros tienen una duración de cuarenta minutos, divididos en dos tiempos de veinte a reloj corrido y sin interrupciones. Los participantes tienen entre 18 y 50 años, no hay límite de edad ni cuenta el sexo, y el único requisito es pertenecer a alguna de las asociaciones. Al final de la liga regular, el primer clasificado de los siete accede a semifinales de forma directa y los otros seis lucharán por las otras tres plazas. Y en septiembre habrá Copa.

Rehabilitador social

Desde el punto de vista médico, que estas personas practiquen un deporte sólo puede acarrear consecuencias positivas. Melba Miñano es pedagoga de Afemca: «El fútbol puede actuar como rehabilitador psicosocial y complemento de las habilidades sociales en cuanto a la agresividad, la pasividad y la asertividad. La asertividad marca el equilibrio en la comunicación con el otro a la hora de poner límites desde el respeto. El fin debe ser que nuestros chicos se dirijan y solucionen los conflictos con el contrario y con los propios compañeros de forma asertiva».

Eloy Sánchez es monitor del equipo Los Titanes del Mar. «Tiene sus complicaciones organizar una liga así, pero sólo ofrece ventajas y recompensas. Hay chicos de todo tipo y para ellos es una motivación jugar al fútbol. No crean polémicas y hay muy buen ambiente, aunque no falta algún golpe o porrazo como en cualquier partido de fútbol o fútbol sala». El fútbol se convierte en el motor diario: «Cuando llega la jornada en la que les toca descansar a los chicos les falta algo. Aparte de jugar al fútbol, esta actividad fomenta jornadas de convivencia en las que se relacionan con otros chicos o chicas. Salen de la rutina, toman aperitivos después de jugar y todos son beneficios fisiológicos que generan endorfinas, que les hace sentirse bien. Con el deporte conseguimos que se comprometan y se den cuenta de que para rendir mejor tienen que cuidarse más en cuanto a la alimentación y el tabaco. El ejercicio físico sirve para contrarrestar la ansiedad que provocan las fuertes medicaciones que algunos de ellos toman», asegura Eloy.

 

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