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«Calcuta cambió mi concepto de la vida»

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Desprende alegría allá por donde va y no se cansa de hablar de sus proyectos en la India. Escuchando a Ana Villanueva se hace más comprensible lo que pasaría por la cabeza de esta joven de Nava de la Asunción, «nacida de rebote en Madrid» y licenciada en Publicidad y Relaciones Públicas, cuando decidió abandonar su trabajo como jefa de prensa de la famosa discoteca Space de Ibiza para instalarse en uno de los barrios más míseros de Calcuta. Allí ha fundado Amavida, una ONG que desarrolla proyectos para mujeres y niños. Pese a esta labor, acaba de ser deportada a España por problemas con su Visa, pero ella se lo toma con resignación, puesto que volverá en febrero para quedarse. «También a Vicente Ferrer le deportaron en su día», dice con humor.

-¿Cómo entró en contacto con India y Calcuta?

-La culpa fue un poco de Space y de Ibiza. Los ocho meses al año trabajando allí me permitieron irme a la India dos meses. Ese primer viaje cambió mi vida totalmente. Era de turismo, pero yo sabía que iba a tener un contacto con el voluntariado. Estuve un mes de mochilera y otro de voluntaria en Calcuta, todo a la aventura, pero me gustaba. Era pasar del glamur de Ibiza a decir: «Es que me apetece esto». Recorrí varios lugares y llegué a Calcuta, me inscribí en los Centros de Madre Teresa y me cambió el concepto de la vida. Parece simple, pero nuestra sociedad no está preparada para dar sin esperar recibir nada a cambio. Me creó una felicidad que no podía faltar ningún día.

-La vuelta al trabajo en Ibiza tuvo que ser dura.

-El primer año fue un choque y el segundo ese choque fue cada vez mayor. El tercer año caí en picado y cuando le dije a mi jefe que me iba me dijo que ya sabía que me marcharía, porque ellos me veían que volvía tocada de la India.

Su entorno «flipó»

-¿Cómo se lo tomó su entorno?

-Fliparon. Me decían que les había dado sorpresas, pero que esto era demasiado. Para mi madre fue un shock, me decía que cómo iba a dejar un trabajo estable y tan bien pagado, pero eran todas cosas materiales. Me apoyaron todos desde el principio, algún amigo incluso me dijo que le daba envidia por atreverme a hacer un cambio tan radical en mi vida. Además, mi madre, mi hermano y algunos amigos han ido a la India y han quedado con una impresión positiva. Es un choque pero les gustaría volver.

-¿Cómo empezó su proyecto?

-De cero. Cuando estaba con los trámites me encontré con Mimí, que es mi mano derecha allí. Ella tenía una pequeña escuela en un 'slum' (barrios marginales de la India), fui a verla, era muy pobre, con pocos recursos para los niños, aunque ellos siempre estaban con una sonrisa. Me ofrecí de voluntaria porque la falta de recursos hacía que estuviera a punto de cerrar. Y me pareció muy egoísta por mi parte empezar un proyecto de cero cuando ahí ya había 312 niños. Pero los niños no comían ahí, y cómo les puedes dar una educación cuando vienen con el estómago vacío al colegio. ¡Y venían!

Mercadillo en Nava

-¿Encontró muchas dificultades?

-Dificultades todas. Llegó el monzón y la escuela se llenó de goteras. Tuve que arreglar el tejado, me costó 150 euros que salieron de mi bolsillo. Y es que hasta que no tuviera las cosas claras decidí que iba a ser mi dinero el que iba a utilizar en los primeros pasos del proyecto. Desde agosto a noviembre de 2009 así lo hice y empecé a hacer un estudio del proyecto en ese tiempo. Cuando regresé a España ya lo tenía claro. Había visto de todo, dificultades y necesidades y ahora sí, registré una ONG y empecé a recaudar dinero. Mi primer evento fue un mercadillo solidario en Nava de la Asunción, fueron los primeros fondos de Amavida gracias a la respuesta alucinante de la gente.

-Y poco a poco se hizo realidad.

-Fue como magia, porque cuando lo dejé todo estaba ese miedo de ¿y si luego no sale?, pero vino todo rodado, el interés de la gente desde ese primer mercadillo solidario de Nava que me ayudó mucho y, sobre todo, un artículo que se publicó sobre mí titulado 'De las noches de Ibiza a los 'slum' de Calcuta'. Llegó a mucha gente y contactaron conmigo particulares que querían involucrarse, me escribían para saber qué podían hacer, sin conocerme de nada, y se fue formando una cadena de donaciones. Luego vinieron mis dos grandes apoyos, que casualmente son del mundo de la noche, y es que gracias a las fiestas de música electrónica Goa comen casi 400 personas en India y gracias a Space Ibiza se mantiene un proyecto de ayuda a más de 50 mujeres, con talleres de corte y confección, alfabetización y pintura.

-¿En qué consiste exactamente?

-Allí comienzas a ver sus situaciones familiares. La mujer educa, carga con todo y hasta lleva el salario a casa. El 98% de los padres son alcohólicos perdidos, se gastan lo que ganan en beber, pegan a las madres y ellas se tienen que buscar la vida. Hay que apoyar a la mujer porque son el presente, y sus niños son el futuro. El proyecto se llama Ellas y consiste en talleres de corte y confección, uno ya ha concluido y hemos entregado diplomas oficiales. Además, como algunas no saben leer ni escribir, hay talleres de alfabetización, de inglés hablado y de pintar en pañuelos que luego vendo en España. En un futuro queremos unir los talleres para comercializar los productos a modo de comercio justo, con el fin de que en dos años se autoabastezcan y adquieran ilusión de futuro, de un trabajo digno.

-¿Y la escuela cómo funciona?

-Los niños de dos a cinco años van por las mañanas, comen y a casa. A los de más de cinco años les pagamos la escuela pública, el uniforme y por la tarde acuden a las clases de apoyo en nuestra escuelita, pues la pública no tiene el nivel suficiente. Hacemos deberes con ellos, se les enseña, cenan y a las 20.30 a casa. Y otro de los objetivos básicos es la educación y que permanezcan fuera del 'slum' lo máximo posible. Y es que si los niños no están en la escuela están en las calles, con los peligros que ello conlleva. Por eso abre con actividades de lunes a domingo y ellos encantados.

-¿Le han puesto muchas trabas?

-He tenido suerte, no he tenido muchas trabas, pues para mí forman parte del proyecto. Sí recuerdo que cuando estábamos preparando la casa de acogida para niños en situaciones críticas me llegaron a decir que me agilizaban los papeles si le regalaba una cámara de fotos, y claro, hubo que regalársela.

-¿Cómo es esa casa de acogida?

-La pudimos abrir gracias a una gran donación particular de una voluntaria de Calcuta llamada Alexandra Almazán. Es un centro de día donde niños de cinco a diez años viven de seis de la mañana a ocho de la tarde, que es cuando les llevamos a su casa. Desayunan, estudian antes de ir al colegio, les vamos a buscar, se cambian, se duchan y se ponen la ropa de la casa, no la de la calle porque tiene bacterias. Les lavamos el uniforme y tienen sus tareas: unos pintan, otros ven dibujos animados, comen, echan la siesta y, sobre todo, estudian con un apoyo especial de dos profesoras, una exclusiva para inglés, tan importante en la India.

-¿Qué niños acogen?

-Todos los que viven en chabolas sin ventilación con 8 ó 9 miembros, y hay casos mucho peores, niños con padres pobres y además ciegos. Niñas a las que violan o a las que se lleva una mafia y no las vuelves a ver. Y se lo dices a la policía y no te hacen ni caso, porque es el día a día en la India. La abrimos en agosto y solo podemos tener a los niños de día, no a dormir, porque los trámites necesarios son pesados y provocan dolores de cabeza. Pero pronto tendremos la licencia.

-¿Mantiene la vinculación con Nava de la Asunción?

-Toda la del mundo, es mi pueblo. He nacido en Madrid de rebote y parte de mi corazón está en Nava. Mis abuelos, que eran muy especiales para mí, y he vivido allí tantos veranos. Además, tenemos casa y mis padres van mucho, son mis raíces. Y con el proyecto se han volcado, desde el mercadillo, las personas del ropero municipal, el Ayuntamiento y los bares que están vendiendo lotería, todo el mundo. No tengo palabras de agradecimiento.

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