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El Supremo iraní dirá la última palabra sobre la condena de Ashtiani

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El Tribunal Supremo iraní será el que decida en última instancia sobre la suerte de Sakineh Ashtiani, la mujer condenada a muerte por el asesinato de su marido y cuyo caso ha generado una oleada de protestas y solidaridad en todo el mundo.

Así lo aseguró hoy el embajador de Irán en España, Morteza Saffari Natanzi, en una reunión con periodistas españoles a los que explicó que el proceso judicial que afecta a Ashtiani "sigue su curso" y que aún no existe un veredicto definitivo sobre su condena a la pena capital, que deberá ratificar el Supremo.

Ashtiani, de 43 años y madre de dos hijos, fue condenada a morir lapidada en 2006 por haber mantenido relaciones con dos hombres tras la muerte de su marido.

Posteriormente, también fue acusada de ser cómplice en el asesinato de su marido y nuevamente condenada a muerte, por lo que permanece en la cárcel de Tabriz, en el norte de Irán en espera de la ejecución de la sentencia.

El Comité Internacional contra la Lapidación, una ONG que sigue el caso y ha denunciado arbitrariedades en el proceso judicial, anunció el martes que Ashtiani iba a ser ejecutada de forma inminente, algo que, según el régimen iraní, no se ha producido.

Saffati rechazó las informaciones de esta ONG con sede en Alemania y subrayó que, cuando se produce una sentencia de muerte en Irán, el Tribunal Supremo debe confirmarla, lo que aún no ha ocurrido en el caso de Ahstiani.

El embajador dijo además que este tribunal podría determinar una reducción de la sentencia si las circunstancias que rodean el proceso así lo aconsejan y si se llega a un acuerdo con la acusación particular, "algo que es muy común" en el sistema judicial iraní, subrayó.

Asthiani "no es perseguida por graves problemas políticos o de seguridad", es sólo una ciudadana iraní que ha sido condenada por un grave delito y de acuerdo a la legalidad vigente en el país, por lo que, como en otros casos, el Supremo puede confirmar o no la condena a muerte, aclaró.

El diplomático negó además la posibilidad de que la procesada pueda ser lapidada, como mantienen algunas ONG, ya que, según recalcó, aunque el sistema judicial iraní contempla esta forma de castigo, "no se aplica en el país".

Saffari lamentó que la "presión mediática" internacional que ha generado este caso haya obligado a algunas instituciones y gobiernos occidentales a posicionarse.

En opinión del diplomático, en el caso de Ahstiani, los enemigos de Irán "se están aprovechando de la vida y de las miserias ajenas" para criticar al país y convertir este asunto en un problema internacional.

El caso ha generado reacciones en algunos gobiernos occidentales, como la del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, quien mantiene buenas relaciones con el presidente iraní Mahmud Ahmadineyad, y ofreció asilo político a la condenada, algo que fue rechazado por Teherán.

Por otra parte, la sentencia de muerte por lapidación originó una campaña internacional por parte de grupos pro derechos humanos para evitar ese castigo que rige en Irán desde las Revolución Islámica de 1979.

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