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La Iglesia misionera y el Domund

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Si hay algún mes por excelencia misionero es el de octubre. También es verdad que a lo largo de todo el año debemos sentirnos todos protagonistas del compromiso de la Iglesia de anunciar el reino de Dios, conscientes de que el compromiso misionero es signo de vitalidad para nuestras Iglesias. Otras campañas (Infancia Misionera, Clero Nativo, Misiones Diocesanas), repartidas a lo largo de todo el año, nos ayudan a tener presente a las misiones.

El Domund es buen momento para renovar el compromiso de anunciar el evangelio, de dar a las actividades pastorales un aliento misionero más amplio. La Obra de Propagación de la Fe nació en Lyon, Francia, hace mucho tiempo, en 1822, de una idea muy sencilla y por iniciativa de una mujer, Paulina Jaricot. Comenzó implicando a los trabajadores de la empresa de su padre para que apoyasen las misiones con una pequeña limosna cada semana. Un siglo después, Pío XI la convirtió en cauce oficial de la Iglesia para ayudar a las misiones. Hoy está presente en todos los países del mundo. En España y en época de un gran director nacional, Ángel Sagarmínaga, se la llamó Domund.

Varias preguntas nos surgen: ¿qué es, por qué y para qué del Domund? La Iglesia universal reza por la actividad evangelizadora de los misioneros y colabora económicamente con ellos en su labor en favor de los pobres y necesitados. El 37% de la Iglesia Católica lo constituyen territorios de misión, que dependen de nuestra ayuda para poder llevar a cabo su tarea.

Con nuestras ayudas se subvenciona el sostenimiento de los misioneros y sus colaboradores; también se atiende otras necesidades: construcción del iglesias y capillas, formación cristiana, además de desarrollar proyectos sociales, educativos y sanitarios, colaborando con ONGs afines a nuestros proyectos.

Otras formas de colaboración siguen vigentes: aportaciones periódicas, tarjeta Visa-Domund, testamentos y legados.

En reunión de todos los delegados naciones del mundo se distribuyen las ayudas en los territorios de misión: unos, ordinarios para el sostenimiento de Diócesis y de las personas que trabajan al servicio de la evangelización. Cada obispo asume el compromiso de garantizar los recursos necesarios para la labor misionera en los territorios de misión. Estas ayudas ordinarias llegan a todos y cada uno de los 1.069 territorios de misión, esparcidos por todo el mundo. Otros, extraordinarios para atender proyectos según los recursos disponibles y las necesidades debidamente justificadas, como la construcción de iglesias y capillas, adquisición de vehículos, mantenimiento de catequistas y misioneros, además de proyectos sociales, educativos y sanitarios.

España ocupa el segundo lugar en aportaciones para el Domund, después de EE UU, por importe de 20.277.905 dólares, seguidos por países como Italia, Canadá, Francia, Alemania, etcétera. Asturias ha colaborado en el año 2009 con 445.017,27 euros para esta campaña.

El lema para la Campaña de este año es 'Queremos ver a Jesús' (Jn.12, 12). Petición de algunos griegos a Felipe y él les lleva hasta Jesús. Esa es precisamente la labor de los misioneros, de los que están en la misión y de los cristianos que estamos aquí.

La misma petición resuena en nuestro corazón. Compete a la Iglesia entera, misionera por naturaleza. Nos invita a hacernos promotores de la novedad de vida. En una sociedad que experimenta formas de soledad y de indiferencia, los cristianos debemos aprender a ofrecer signos de esperanza.

Debemos responder a la verdadera necesidad de nuestro tiempo. Vivimos en un mundo que para muchos resulta hostil: sociedades opulentas, otros excluidos de los bienes materiales. Todos son países de misión, a los que no conocen a Cristo y a los que, conociéndolo, lo ignoran.

Hay que mostrar a Jesús para que puedan ver y encontrar respuestas a su soledad. Benedicto XVI insiste en un elemento primordial: la fraternidad universal, la unidad de todo el género humano. Se trata de promover la comunión eclesial, haciendo del Evangelio fermento de libertad y progreso, fuente de fraternidad, de humildad y de paz. Debemos sentirnos todos protagonistas del compromiso de la Iglesia. La cooperación es testimonio singular de unidad, de fraternidad y de solidaridad.

El Domund es una buena invitación para iniciarnos en la contemplación del rostro de Dios, en la que se reflejan los rostros de los más pobres y necesitados; para promover entre todos una sensibilidad y predilección hacia los que buscan conocer y ver a Jesús; para colaborar con una generosa aportación económica para atender las necesidades materiales de los misioneros y de las misiones, y para intensificar la oración y el sacrificio por las vocaciones misioneras de sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos.

 

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