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50 años de luz

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Hace sólo escasas semanas pudimos acoger con gozo y gratitud la concesión del Premio Príncipe de Asturias a la Concordia, a la Organización Manos Unidas. El compromiso de la Iglesia Católica por los más desfavorecidos en los cuales ve y abraza la imagen de Dios, tiene muchos cauces y son muchas sus iniciativas concretas. Esta Organización de Manos Unidas, que nació hace 50 años por la iniciativa de un grupo de mujeres católicas para paliar el hambre en el mundo, no ha dejado de salir al encuentro de todos los hambrientos en todos sus rostros. El hambre de pan, de cultura, de Dios, es el que sigue siendo objeto de compromiso cristiano y eclesial en esta Organización. Nos congratulamos por este reconocimiento que la prestigiosa Fundación Príncipe de Asturias otorga en esta edición a Manos Unidas.

Todavía recordamos la pequeña vela que nos proponían en Navidad, recordando la Luz por antonomasia la que Dios ha encendido a través del nacimiento humano de su Hijo. Esa pequeña vela no era un adorno navideño, sino que quiere acompasar nuestros pasos a través de todo un año, mes tras mes, como queriendo acercarse con respeto y decisión a nuestra realidad cotidiana, para ofrecernos su humilde luz y su serena lumbre. Todos necesitamos de esa claridad y de esa calidez, más en los tiempos que corren en donde no pocas cosas de las importantes se nos quedan a oscuras y se nos enfrían. Bendita luz, sencilla candela que enciende en nosotros y entre nosotros la llama de la caridad.

Esto es lo que ha querido hacer en estos cincuenta años Manos Unidas. Es una de las organizaciones católicas de más prestigio internacional por el rigor con el que gestionan sus ayudas, por la generosidad con la que trabajan sus muchos voluntarios, por la identidad cristiana y eclesial que impregnan todos sus proyectos. No es una ONG al uso sin más. Es una expresión de la caridad cristiana que tiene denominación de origen, que sabe por qué y por Quién hacen lo que hacen.

Muchas veces, ante catástrofes naturales o desastres ocasionados por el egoísmo y violencia de los humanos, no pocas personas se preguntan con cinismo o con sinceridad: ¿dónde está Dios? Y la respuesta es tan sencilla como comprometida: en nuestras manos, en nuestra mirada, en nuestra entraña, en nuestra caridad, en nuestra solidaridad. Dios se vale de nuestra pequeñez para hacer obras muy grandes, y como sucediera en la multiplicación de los panes y peces que saciaron a aquella multitud, Jesús hizo el milagro, pero a partir de lo que le presentaron los discípulos y aquel chaval que encontraron.

El gesto de estar cercano a quienes sufren por la carencia de lo más elemental, no sólo es una hermosa expresión del amor a Dios y del amor a nuestro hermano, sino también un recordatorio, un anuncio, una especie de parábola viva con la que estamos narrando la ternura y la misericordia del mismo Dios. Podrá ser hambre de pan o de paz, cobijo de techo o cobijo de amistad, educación elemental o de la sabiduría que Dios enseña, carencia de dignidad o de fe y esperanza. ¡Cuántos rostros de pobreza nos están reclamando un sin fin de compromisos, de entrega y de cristiana solidaridad!

No en vano, el Santo Padre ha querido recordarnos en sus mensajes para la Jornada mundial de la paz, que hay pobrezas inmateriales que no son consecuencia directa y automática de carencias materiales. Por ejemplo, en las sociedades ricas y desarrolladas existen fenómenos de marginación, pobreza relacional, moral y espiritual: se trata de personas desorientadas interiormente, aquejadas por formas diversas de malestar a pesar de su bienestar económico. Cuando no se considera al hombre en su vocación integral, y no se respetan las exigencias de una verdadera «ecología humana», se desencadenan también dinámicas perversas de pobreza. Así ha dicho Benedicto XVI.

Con motivo de este premio a Manos Unidas, doy gracias porque en Asturias tenemos una espléndida Delegación que hace tanto por los pobres, doy las gracias por las personas que hacen posible esta parábola viva de amor cristiano, y pido al Señor que bendiga con muchos frutos en beneficio de los preferidos de Dios, el precioso trabajo que Manos Unidas realiza entre nosotros.

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