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"Hay que devolver a la sociedad lo que nos da"

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Lidera un grupo de profesionales españoles, casi todas mujeres, que han decidido dedicar una buena parte de su tiempo a intentar devolver a la sociedad lo que esta les ha dado. Ana Requesens, después de dedicarse 15 años de pleno al mundo de la empresa, sintió que necesitaba poner en marcha proyectos sociales para ayudar a los necesitados. Preside la asociación española de la ONG internacional Zonta, que está presente en 68 países y fue fundada hace 85 años. A través de sus acciones de voluntariado y de sus cuotas, las mujeres de Zonta trabajan "por el progreso de la mujer en el mundo, promoviendo acciones de formación, como becas y premios para mujeres y niñas a nivel internacional y local, y proyectos humanitarios", explica Requesens al poco de entrar en el restaurante.

Lo elige ella. Es de comida casera, de la huerta. Su dueña, Pepa Muñoz, selecciona personalmente todos los ingredientes con esmero. Heredó la afición a los fogones de su madre, que trabajaba en la Casa de Córdoba. Nos dejamos aconsejar por Pepa. Las croquetas o las alcachofas con foie son realmente especiales.

Zonta empezó a funcionar en España en 2004 y su filosofía, según explica Requesens, radica en el concepto anglosajón de considerar que se debe "devolver a la sociedad lo que esta da a los ciudadanos". "En la sociedad española se tiene más la idea de que el Estado es el que debe resolver los problemas porque para eso se pagan impuestos. Pero cualquiera que haya trabajado en temas de exclusión social ve que las necesidades van más allá. ¿Acaso hay, por ejemplo, suficientes recursos para ayudar a tantas madres solas que hay en muchos países con seis o siete hijos?", se pregunta esta directiva volcada en la cooperación. "Hay una responsabilidad del ciudadano, sobre todo privilegiado, de involucrarse, de sacar tiempo para ello", opina Requesens.

Para esta ejecutiva, con un currículo lleno de másteres e idiomas, su verdadera pasión es Zonta. Esta organización es miembro consultivo de Naciones Unidas. El proyecto en el que esta organización ha estado más implicada en los últimos tiempos ha sido la operación de niñas con fístula obstétrica, una secuela de los embarazos infantiles, en Liberia. La cifra sobre la incidencia de esta enfermedad que manejan los organismos internacionales -la padecen dos millones de niñas y mujeres en el mundo- da una idea tanto del problema de este mal como del de los embarazos infantiles en los países menos desarrollados, especialmente en África. "Es un problema silencioso. Cuando las niñas tienen esta fístula las abandonan, se quedan solas. Y la operación cuesta solo 200 euros".

Esta organización también apoya en España a grupos de mujeres en la cárcel y a centros de acogida de niñas, como el Hogar madrileño de Nuestra Señora de los Desamparados. "Los niños que viven en centros de acogida no tienen referentes, y en la vida es importante tener referentes", dice Requesens. Pero Zonta le ha sabido a poco. También dirige la Fundación Gaudium, dedicada a la prevención de adicciones y a la ayuda a la inserción social, sobre todo de mujeres y menores.

 

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