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"Con la política podemos cambiar la realidad"

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Desde muy joven, siempre trató de convencer a sus amigos de que la política es la forma de cambiar el mundo, algo más que un nido de corrupción y afán de poder. Borja Cabezón, de 30 años, es ahora secretario general del PSOE en Majadahonda (Madrid), y se presentará como candidato a la alcaldía del municipio. Aunque ha conseguido "enredar" a algunos, la mayoría de jóvenes muestran muy poco interés por la política y busca otros cauces de participación ciudadana.

"La política habla un lenguaje distinto al de la juventud". "Los jóvenes no creen que les resuelva problemas". "Falta mucha información". "La crisis distancia a la ciudadanía de sus representantes". Es lo que esboza más de media docena de los políticos menores de 31 años consultados para este reportaje, quienes, a pesar de todo, siguen defendiendo una idea: "Desde la política se puede cambiar la realidad".

Con ese afán, Cabezón se afilió a los 18 años a las Juventudes Socialistas. "Siempre me dijeron que estoy un poco loco, pero con cariño", reconoce. Porque su caso es la excepción. Las facciones juveniles del PSOE no representan ni el 5% de la militancia; en el PP son algo menos del 10%.

Dentro de ese 5% está Sergio Rodríguez, que se afilió a los 14 años y hoy, con 28, es secretario general de las Juventudes y eurodiputado. "Hay que tener en cuenta que, según el último Informe de la Juventud, los jóvenes son los que más valoran la democracia. Lo que critican es el funcionamiento interno de los partidos. En eso estamos trabajando nosotros, en hacerlo más transparente para que no se vea como maquinaria oscura y llena de malas artes", explica. Su homólogo en las Nuevas Generaciones del PP, Ignacio Uriarte, no quiso dar su opinión para este reportaje.

Una compañera de partido de Uriarte, Sara Dueñas, de 25 años, es desde hace unos meses la diputada más joven del Congreso y ostenta la alcaldía de su pueblo, La Losa (Segovia, 534 habitantes), desde los 22, cuando todavía estaba estudiando la carrera. Aunque ahora es una profesional de la política, todavía considera que es una labor cercana y desinteresada. Recuerda cómo en su municipio consiguió "cambiar cosas" en sus tres años de mandato. "Sobre todo con servicios públicos para la gente. Hemos puesto una guardería subvencionada y una biblioteca, cosas que mejoran la vida de los vecinos", explica. Una concepción similar del ejercicio público tiene Raquel García, concejal socialista de 31 años en Parets del Vallés (Barcelona, 17.632 habitantes), que entró en el equipo de Gobierno municipal desde una asociación "crítica hacia el sistema". Sin una asignación por su trabajo, solo recibe como recompensa "la satisfacción del ciudadano". "Suena a tópico, pero es así", afirma.

En la política nacional, Dueñas ve cómo también se hacen cosas útiles, aunque los resultados no sean tan a corto plazo: "Pero la gente tiene que saber que estamos ahí para escucharla. Sobre todo los de provincias pequeñas, que tenemos muchos cauces para comunicarnos con los vecinos y trasladar sus preocupaciones a la vida pública".

Pero los jóvenes parecen no mirar a los políticos como referencia. El estudio La participación política de los jóvenes (2009) del Instituto de la Juventud (Injuve) muestra que "no identifican ni a los partidos políticos ni a los sindicatos como organizaciones con gran poder". Creen que los políticos "no piensan en los jóvenes" y ven que hay poca gente de su generación en la vida pública. Paradójicamente, dudan de las capacidades de sus coetáneos para los cargos de representación porque piensan que no tienen suficiente experiencia. "Se tiende a la autoorganización de la sociedad en formaciones diferentes de sindicatos y partidos. Los jóvenes se vertebran bien con el mundo de la sociedad civil, pero no acaban de encajar en cauces tradicionales: sintonizan más con asociaciones juveniles", razona el catedrático de Sociología Fernando Vallespín.

Esta participación "también es hacer política", en opinión de Esther López Barceló, que con 26 años es coordinadora de Jóvenes de Izquierda Unida Federal. Licenciada en Historia, sin cargo a sueldo, sin trabajo y cobrando el subsidio de 400 euros, siente muy de cerca los problemas de su generación, pero a la vez es muy crítica: "Los jóvenes están muy desinformados, no son conscientes de que tienen herramientas para luchar contra una realidad que es injusta".

Los discursos "anticuados" y una "política muy tradicional y conservadora" también tienen buena parte de culpa, según Albert Rivera, de 31 años y líder de Ciudadanos, con tres escaños en el Parlamento catalán. Opina que hay que cambiar el chip y entender la política de una forma más práctica, alejada de "estériles pugnas cainitas entre dos Españas". "El antiguo eje ideológico no tiene en cuenta los problemas reales de los jóvenes, a quienes debatir sobre la Guerra Civil les queda muy lejos", señala.

Todos ellos creen que su edad no es un obstáculo para que se les tome más en serio, pero echan en falta mayor presencia de su generación en puestos de responsabilidad. "Si puedes tener un buen cargo en una empresa, ¿por qué no en la vida pública? Es una cuestión más de aptitudes que de edad", reflexiona Rivera.

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