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Un patrono indolente

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"Confiamos plenamente en Dios, los demás que paguen al contado". Este texto, que figuraba en el cartel de un establecimiento parroquial, refleja bien a las claras que los negocios tienen como finalidad ganar dinero y la caridad se reserva para las ONG.

Además, la razón del trabajo por cuenta ajena es el salario, y por eso, cada vez que un empleado hace huelga, el patrono le descuenta la parte del sueldo que corresponde al día no trabajado y su incidencia en las pagas extraordinarias y vacaciones.

Sin embargo, con la del 29 de septiembre pasado es la tercera vez que los jueces españoles hacen huelga -con escaso seguimiento en esta ocasión- sin que nadie les haya descontado ni un euro de sus emolumentos.

Se da la circunstancia de que, desde el punto de vista técnico, dependen orgánicamente del Consejo General del Poder Judicial, mientras que sus retribuciones las paga el Ministerio de Justicia con cargo a los Presupuestos Generales del Estado.

El caso es que en las movilizaciones del 18 de febrero y del 8 de octubre de 2009, en las que además de una mejora salarial los magistrados reivindicaban una serie de medidas, en su mayoría bastante razonables -redefinir la carga máxima de trabajo de cada órgano judicial, mantener la facultad de señalar juicios, incrementar los medios materiales para ejercer la función y suprimir el traslado forzoso por ascenso-, el Consejo se encargó de contabilizar y comunicar a Justicia y a los medios de comunicación quiénes habían hecho huelga.

El miércoles pasado, a pesar de que algunos jueces dirigieron escritos al Consejo en los que informaban de que se habían sumado a la huelga general, nadie hizo un recuento oficial de aquellos que no habían acudido a trabajar.

Quizá esa inacción del Consejo tuvo que ver con el hecho de que en las dos huelgas anteriores, a pesar de haber identificado a los magistrados huelguistas, el ministerio se comportó como un patrono indolente y no realizó los correspondientes descuentos a los que no fueron a trabajar. Ya lo decía José Mota: "Si hay que ir se va, pero ir pa na es tontería". Recabar información de todos los juzgados y tribunales de España si no se va a hacer nada con ella, pues... es cansado.

¿Por qué Justicia no deduce la parte correspondiente del sueldo a los huelguistas? No hay una respuesta oficial a esta pregunta, pero extraoficialmente se señala que ese comportamiento obedece a que si se realizasen los descuentos, se estaría reconociendo implícitamente que los jueces tienen derecho de huelga, algo que el Gobierno y el Consejo han negado reiteradamente.

Lo cierto es que la Constitución recogió el mandato de elaborar una ley de huelga, en la que, según los expertos, quedarían excluidos de ese derecho los integrantes de las Fuerzas de Seguridad del Estado y el colectivo judicial. Pero han transcurrido más de 30 años y de esa ley seguimos sin noticias. El derecho de huelga sigue regulado por un real decreto ley de 1977, es decir, que es preconstitucional, aunque numerosas sentencias han determinado la forma de interpretar sus preceptos.

Entre tanto, y mientras la prohibición no figure específicamente en esa ley que nadie tiene interés en redactar, los jueces ya han hecho tres huelgas. Todo un dislate porque el poder no hace huelga. Parece que algunos no se han enterado todavía de que: "La justicia emana del pueblo y se administra en nombre del Rey por jueces y magistrados integrantes del poder judicial, independientes, inamovibles, responsables y sometidos únicamente al imperio de la ley". Es decir, que los jueces -no el colectivo judicial, sino cada uno de ellos personalmente- encarnan el poder judicial, encargado del servicio público de administrar justicia. Y el ejercicio del derecho de huelga por parte de los jueces entra en conflicto con garantías constitucionales de los ciudadanos.

El problema es que muchos de los más de 4.500 jueces que hay en España no parece que se consideren un poder del Estado, sino unos funcionarios con algunos privilegios. No deberían hacer huelga, pero la hacen sin que les cueste nada, disparando con pólvora del Rey. Así, cualquiera. Una juerga de huelga, vamos. Quizá tenía razón el escritor francés Jean de la Bruyère cuando decía: "Cuanto más se acerca uno a los grandes hombres, más cuenta se da de que son hombres".

En todo caso, parafraseando el cartel del establecimiento parroquial mencionado al principio: confiamos plenamente en la justicia, pero si los jueces no van a trabajar que pasen por caja.

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