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«Damos por perdida la guerra de la solidaridad antes de la batalla»

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Imanol Zubero, senador del PSE «por accidente» y profesor de Sociología en la Universidad del País Vasco, maneja desde hace diez años la idea de que la verdadera solidaridad de hoy sólo es posible si el colectivo de «nosotros», los habitantes del planeta con las necesidades básicas cubiertas, renuncian a ciertos privilegios e incluyen en el mismo nivel de acceso a «los otros», aquellos que malviven en diferentes zonas del mundo. Su trabajo el ha llevado a defender esa idea, mucho más ampliada, en diferentes espacios. Ayer lo hizo en el Foro Solidario de Avilés.

-¿Cómo se consigue ese objetivo que se plantea?

-(Sonríe y respira profundamente) Esta idea nació en el contexto de la reconversión industrial europea, pero hoy se puede aplicar en todo el mundo. Mientras los fuertes, los que votan, los que pueden opinar, los que tienen dinero y bienestar, no renuncien a ciertas cosas además de dejar de pensar en ese 'nosotros', los cambios sociales serán complicados. A través de la pedagogía y el convencimiento es posible asentar una conciencia para reaccionar ante la injusticia social. Luego vendrían el derecho o la política.

-Su teoría lo deja todo en manos de los sentimientos.

-Si se aplica en un contexto internacional, parece literatura. Hay un ejemplo en Euskadi, con el terrorismo, donde una parte de la población decide que sus vecinos no forman parte de los suyos estableciendo una frontera. Y hoy, las fronteras, objetivamente, no existen. Lo que haga China, por ejemplo, con su desarrollo, afectará aquí.

-La cosa se complica si se aplica la idea en un contexto de crisis.

-En términos materiales, no cuesta más que en 2005. Con el 1% de lo que se dedicó a reflotar los bancos, se arreglaría el hambre en el mundo. En realidad, sale más caro no contribuir al desarrollo que hacerlo. Los problemas humanitarios urgentes o el terrorismo internacional son más caros de resolver.

-Pero lo que parece insostenible es aplicar el modelo del primer mundo a escala planetaria. ¿Qué propone?

-Es cierto, nuestro modo de vida no es sostenible. Es inviable que todos los chinos cambien la bicicleta por el coche. Si hablamos en términos de renuncia lo que está claro es que podríamos mantener la democracia, que es universal, la salud básica, los afectos o la educación.

-¿Cuáles son entonces las renuncias?

-El modelo de alimentación, que se basaría en más cereal y legumbre y menos carne roja, la forma de movernos, no puede ser que haya un coche para mover a cada una de las personas, la forma de organizar los espacios, con ciudades donde trabajo, casa y ocio estuvieran más próximas... Son renuncias, pero ganaríamos en salud y relaciones sociales.

-En su teoría, la iniciativa parte de pequeñas acciones de los individuos que forman el 'nosotros', en una especie de efecto dominó. ¿Cree que sería capaz de saltar eso por encima de las personas con mayor poder real?

-La capacidad de influencia personal ha bajado mucho. Hay personas con gran capacidad de influencia económica o en los medios de comunicación y ese en un fenómeno sobre el que reflexionar. Pero ellos no son nadie sin nosotros.

-Tendrían que ser todos los que se enfrentaran a ellos.

-Si la cosa es así, esas son las condiciones del juego. Tengo la impresión de que damos por perdida la guerra antes de librar la batalla. Siempre pregunto: ¿cuándo ha sido la última vez que te han partido la cara? Hay mucho derrotismo y, a veces, las ONG's ponen ejemplos imposibles, sin tener en cuenta que hablan con gente con problemas cotidianos. Se deben hacer propuestas para gente real. Cuando pruebas la solidaridad y funciona, ofrece retornos positivos para ti y para el conjunto social.

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