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Un viaje que transforma la vida

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15 de agosto de 2010. 200.000 personas abarrotan la playa de Gandia. Imaginen que las calles están por asfaltar, llenas de barro, impracticables. Que la basura se acumula en la calzada porque no hay servicio de recogida de residuos. Que la atención médica brilla por su ausencia. Imaginen que las casas se caen a pedazos y que hacer más de una comida al día es un lujo.

15 de agosto de 2010. En las zonas urbanas que rodean la Perimetral norte de Guayaquil, son 300.000 las almas que viven en estas condiciones. No hace falta recurrir a la imaginación. En la segunda ciudad más grande de Ecuador, esto es un hecho. Una llamada de auxilio que sólo obtiene respuesta por parte de las ONG que trabajan en la zona.

A esta realidad demoledora se enfrentó un grupo de 13 voluntarios de la ONGD de Gandia Viviendas para los Sin Techo, que viajó hasta Ecuador con un proyecto: construir cuatro viviendas para familias sin ningún tipo de recursos y hacer llegar un cargamento de 95 kilos de medicinas para abastecer a los modestos subcentros de salud que hay en las áreas más degradadas de Guayaquil. Y regresan con el objetivo cumplido, y mucho más, después de un viaje que les ha cambiado la forma de ver la vida.

Para llegar hasta aquí, la implicación de los vecinos de la Safor fue clave, con las compras que hicieron en mercadillos solidarios, así como el apoyo de Bellreguard y Piles.

Durante tres semanas, conocieron y colaboraron en los distintos programas -vivienda, sanidad, educación y microcréditos- que desarrolla Hogar de Cristo, una organización con casi 40 años de historia que actúa como socio de Viviendas para los Sin Techo sobre el terreno.

El panorama que se encontraron la doctora y las dos auxiliares de enfermería que viajaron con los Sin Techo fue terrible, con un altísimo porcentaje de desnutrición infantil, una pésima salud bucodental y dolencias derivadas de la ingesta de agua contaminada. "Hay enfermos crónicos que podrían llevar una vida normal si llegaran los fármacos", explica el técnico de la ONGD Ignacio Peña. "Cuando una madre te dice que no puede comprar leche a su hijo desnutrido porque no tiene dinero, te sientes impotente", relata Dora, auxiliar de enfermería.

Erradicar los peligros que acechan a los menores, como el trabajo infantil peligroso, es la razón de ser del programa educativo y tiempo libre en el que colaboraron los voluntarios de la Safor.

«La educación es fundamental», comenta una de las voluntarias, Alicia, profesora de Secundaria. «Es necesario darles las herramientas para que puedan exigir la restitución de sus derechos», amplía.

Bajo esta premisa, Viviendas para los Sin Techo afronta ahora un interesante proyecto de sensibilización en las aulas, dirigido a todos los centros de primaria de la Safor y que quiere acabar con los posibles dificultades en la convivencia entre alumnos de distintos países.

En La Unión, un asentamiento de unos 350 vecinos en la margen derecha del río Guayas, aislado del mundo, sin agua potable, electricidad ni ningún tipo de servicios, una pequeña escuela surge discreta en el centro del pueblo. En su fachada se lee un lema: «Para triunfar en la vida hay que estudiar», confirmando que Ecuador conoce la receta para salir de la pobreza, pero le faltan los ingredientes.

 

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