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«Poder ducharse cada día es la leche»

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Albert Vilalta y Roque Pascual, que fueron liberados el pasado 22 de agosto tras casi nueve meses secuestrados por Al Qaida del Magreb Islámico (AQMI), «trabajan y recuperan su normalidad», reconocen fuentes próximas a ambos voluntarios de la ONG Barcelona-Acció Solidària.

Habían pasado muy pocos días desde aquel regreso a Barcelona el 24 de agosto cuando Albert Vilalta se enfundó el traje y la corbata y regresó a su puesto como director general de Tabasa, una empresa participada por la Generalitat de Cataluña. «Tenía muchas ganas de retomar su vida y lo ha hecho muy rápido», afirma a ABC una persona de su entorno. «Abrir el grifo, que salga agua y poder ducharse cada día es la leche», añade.

El Gobierno español mantiene silencio sobre el pago de entre cinco y diez millones de euros, cantidad estimada por distintas fuentes no oficiales en la región del Sahel. Ningún país ha reconocido de manera oficial haber pagado rescate económico alguno a este grupo terrorista tras haber logrado liberar a sus nacionales. Como contrapartida, las autoridades mauritanas también aceptaron canjear a Vilalta y Pascual por Omar Saharaui, el hombre al que AQMI le encargó secuestrarlos y que había sido detenido en febrero.

El recuerdo más visible que le queda a Vilalta del calvario vivido es la muleta que le sigue acompañando todavía en cada paso. Los secuestradores le dispararon en la pierna derecha el 29 de noviembre, el día del secuestro, y «cada día debe acudir a recuperación para ir ganando movilidad», dice la misma fuente. No le quedan restos de proyectiles en el cuerpo, pero «pasó mucho tiempo inmóvil» en su cautiverio, durante el que recibió una precaria atención que evitó infecciones.

De traje, corbata y muleta se le pudo ver a Albert Vilalta en su primera aparición pública el pasado lunes en su visita a las obras de un carril-bus que Tabasa lleva a cabo en la provincia de Barcelona. Acompañó al consejero de Política Territorial y Obras Públicas, Joaquim Nadal.

«Estoy orgulloso de mi país», había escrito Vilalta en un blog que habían abierto sus amigos y sus compañeros de la ONG con motivo del final del que, hasta ahora, es el secuestro más largo llevado a cabo por AQMI. En la nota agradecía la «profesionalidad» y «discreción» de las autoridades españolas a la hora de gestionar una salida para él y sus compañeros.

«Abracen a sus hijos»

Vilalta, Pascual y Alicia Gámez, que fue liberada el pasado marzo, «soportaron condiciones muy duras», reconoce alguien que vivió de cerca las negociaciones para liberarlos, a pesar de que fue posible hacerles llegar algunos envíos con material básico, sobre todo lo necesario para curar las heridas de Vilalta. «No sabíamos cómo iban las cosas y a medida que pasaba el tiempo éramos más pesimistas. Sin embargo no teníamos más remedio que seguir y aguantar, e intentar ver cosas positivas y buscar maneras de pasar el día», añadió Vilalta en el blog. «Valoren mucho a quien tienen, valoren mucho la libertad y abracen muy fuerte a sus hijos y a su pareja cada día, ¡Muy fuerte!».

Un mes después del secuestro de los españoles, la región del Sahara-Sahel sigue viviendo momentos de tensión con los ataques del Ejército sobre AQMI y el secuestro de siete nuevos rehenes extranjeros, cinco franceses, un togolés y un malgache.

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