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El Bertrana premia a una afgana que se hizo pasar por chico durante diez años

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"Estudiar o morir". Eso se dijo, a los 10 años, Nàdia Ghulam (Kabul, 1985), cuando en su país, Afganistán, los talibanes prohibieron a las mujeres el acceso a la educación. "Entonces decidí que viviría como hombre", cuenta hoy, telefónicamente, desde Girona, como si esa solución fuera la más normal del mundo.

Entre los 10 y los 20 años Nàdia vivió como hombre. Se disfrazaba por las mañanas, cada vez que salía de casa impostaba su voz, modificaba su gestualidad y, por la noche, al volver, se despojaba de su falsa identidad. Ninguno de sus amigos sospechó nada. Estudió inglés, informática y religión (obligatoria), e incluso tuvo varios trabajos como hombre. Sólo sus familiares más directos conocían su secreto. Hace un poco más de tres años, Nàdia llegó a Catalunya, tras la mediación de una ONG, para recibir asistencia médica, y fue acogida por una familia. Entonces conoció a la periodista Agnès Rotger (Badalona, 1973), se hicieron amigas y un día decidieron ponerse a escribir, a cuatro manos, la novela de la vida de Nàdia. Esa novela se titula El secret del meu turbant y ayer obtuvo el premio Prudenci Bertrana, dotado con 42.100 euros. La editorial Columna publicará la obra el 25 de noviembre.



Rotger detalla el método de trabajo utilizado: "Ella me iba explicando sus aventuras. Y, al cabo de unos meses, cuando me sentí segura de entender realmente la realidad que me estaba describiendo, pude empezar a redactar. El formato es el de novela basada en hechos reales. Ella iba leyéndolo todo y no parábamos hasta que no se sentía plenamente identificada con el texto".

"La protagonista es una chica afgana, pero la historia no tiene nada que ver con la imagen que tenemos de talibanes malvados y burkas –prosigue Rotger–. Es una historia muy cercana, cotidiana, como si hubiéramos colocado una lupa de aumento sobre aquel país para observar la vida de una persona real, con su sufrimiento y sus esperanzas".

Al caer el gobierno talibán, Nàdia consiguió –"no sin esfuerzo"– que una escuela la admitiera como alumna femenina. Ahora reconoce que "esto mío no le pasa a cualquiera, cada día era una novela... Nadie me enseñó a hacer lo que hice, simplemente se me ocurrió. A mí me ha enseñado la vida. Vi que las mujeres no podían hacer nada y me dije: "¡Pues me cambio la ropa!". Somos una familia normal".

¿Y ahora? "Quiero prepararme en Catalunya y estudiar todavía más. Amo a mi país y allí estará siempre mi paraíso. Aprenderé cosas aquí y luego volveré para ayudar a los afganos". Ghulam ha acabado ya un módulo de grado superior en informática, se ha matriculado en integración social y también se prepara como técnico para ayudar a oenegés que trabajan en Afganistán. "Hace tres años ni siquiera sabía que existía un país llamado España –comenta, en un catalán más que aceptable–. Y ahora me honran con este premio, estoy muy contenta". Está dispuesta, además, a escribir más cosas "porque nos hemos dejado muchas cosas en el tintero, como mi llegada a Catalunya".

¿Qué le ha quedado de diez años de masculinidad?, le preguntamos. "A veces mi padre catalán me dice: "Ese gesto es de chico, Nàdia"", comenta, entre risas.

El jurado del 43º. premio Prudenci Bertrana estaba compuesto por Xavier Cortadellas, Xavier Pla, Ester Pujol, Emili Teixidor i Vicenç Villatoro. Los otros galardones fallados ayer en Girona fueron el Carles Rahola de ensayo, para Sam Abrams, por Llegir Maragall, ara; el Miquel de Palol de poesía, para Pepa Úbeda, por La meua frontera; y el Ramon Muntaner de literatura juvenil, declarado desierto.

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