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Gran Canaria con su Virgen

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Ana María es una de las animosas mujeres que viene bailando con la carreta de San Bartolomé de Tirajana. Vienen vestidas de negro, con pañoletas de lana y un saco en la cabeza, pero nada de eso les impide bailar. A pesar de que hace tiempo que dejaron los cincuenta.

San Bartolomé hizo su recorrido hasta la Virgen -vestida con manto blanco- en el número 17. Como cada año, abrió la romería un  rebaño de cabras y ovejas, pastoreados por Antonio Quevedo y Guillermo y acompañados de un grupo de voluntarios. Le seguía la representación de Teror, el municipio anfitrión, cuya carreta hacía alusión al 250 aniversario de la colocación de la primera piedra de la Basílica.

Y después la del Cabildo, diseñada por el artesano Fernando Benítez y a la que acompañaban un grupo de mujeres con trajes de los siglos XVIII y XIX. Así hasta 22 carretas, tantas como municipios tiene Gran Canaria (más la Corporación insular), aunque  Mogán tuvo un percance con su estructura y finalmente el pescado llegó en manos de los romeros. El alcalde, Francisco González, no se amilanó y cargó el mismo su racimo de plátanos. Sin duda, los más generosos fueron los moyenses, que repartieron bizcochos, suspiros y bollos a toda autoridad que encontraron por el camino.


En esta edición de las fiestas se notó poca representación de otras Islas, aunque no faltó un grupo folclórico de Candelaria y la Agrupación Santa Ana, de La Laguna. Petra Alamo, y su bisnieta Sara, fueron las encargadas de  traer hasta Teror  un cachito de El Hierro. Petra no recuerda cuántos años lleva viniendo al Pino, pero tiene claro que lo hará «mientras pueda».


La Virgen esperaba a las puertas del templo a todos los romeros, mientras que el alcalde de Teror, Juan de Dios Ramos, recibía a los representantes de cada municipio. El obispo de la Diócesis de Canarias, Francisco Cases, tampoco quiso faltar este año a la romería y acompañó al párroco de la Basílica, Manuel Reyes. Éste agradecía la solidaridad de los grancanarios a pesar de la crisis «porque hay mucha demanda, no sólo de alimentos, sino de familias que no pueden pagar la facturas del agua o de la luz». Explicó que «la gente le ofrece toda esta comida a la Virgen y la Virgen dice: llévensela a quien lo está esperando». Ayer lo hizo a través de catorce ONG, cuyos furgones iban cargando la ofrenda para distribuirla posteriormente entre quienes tienen menos recursos.


El buen tiempo acompañó a una ágil romería que cerraba el desfile de carretas sobre las siete de la tarde con Ingenio.

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