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El verano más solidario, en Kenia

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Despertarse a las seis de la mañana, con el primer rayo de sol. Acudir al pozo y traer el agua que se va a necesitar durante el día. Pastorear las famélicas vacas en pastos en los que no ha llovido en tres años y medio. Comer lo suficiente para tenerse en pie un día más y continuar con la labor que el padre ausente, empleado en la ciudad, no puede llevar a cabo.

Con el último rayo de sol se encierra al rebaño, y con suerte, quedan unos minutos para jugar con los demás hermanos de una familia numerosa. Este es el día a día de un niño de Kiongwani, Kenia.

La asociación María Salus Infirmorum, de Artica, Berrioplano, ha trasladado en el mes de julio a diecisiete cooperantes al corazón de África, en colaboración con la ONG navarra ONAY. El grupo estaba compuesto por siete estudiantes de medicina de la Universidad de Navarra, tres miembros de la asociación, un concejal de Artica, y seis voluntarios de Figueruelas, Zaragoza, localidad que también ha colaborado en el proyecto "Por un futuro más digno".

Kiongwani es la región escogida por esta asociación para llevar a cabo su proyecto de desarrollo. El territorio cubre una amplia extensión, seca en su gran mayoría, de unos 30.000 habitantes, y en los que la ganadería y el cultivo son las actividades fundamentales.

"Llevamos allí siete años, y nos hemos preocupado de darles agua, electricidad, talleres, una granja avícola, un molino, un tractor y un coche", explica Cecilia Soldevilla Arnedo, una de las organizadoras del plan y miembro de la asociación. "Cuando llegamos tenían muy poquita cosa, y lo que hemos hecho puede ser irrisorio para quien tiene todas las facilidades, pero que es de vital importancia para ellos".

Los estudiantes de medicina han tratado de dar charlas informativas sobre cuestiones de higiene, enfermedades de transmisión sexual, y de atender a quienes se aproximaban al dispensario necesitados de atención sanitaria. Isabel Ayechu Díaz, de 20 años, es una de estas cooperantes: "Una chica de allí, Mery, pero que ha estudiado en Europa, nos traducía lo que nos querían decir los pacientes".

Ayudan muchas manos

La asociación busca fondos para sus proyectos entre diferentes instituciones y particulares: "El ayuntamiento de Berrioplano, algunas fundaciones, y mucha gente anónima nos han ayudado. Un arquitecto de Pamplona, Iñaki Díaz Aguirre, nos ha echado una mano para estructurar los planes", afirma Cecilia. "El Gobierno de Navarra ha sido muy amable, y nos ha dado una ambulancia para trasladar allí", añade.

Otro de los pilares de esta asociación lo constituye el apadrinamiento de niños de Kiongwani. A través de este proyecto se ha logrado dotar de educación primaria a 170 estudiantes, de educación secundaria a otros 27, y se ha instruido a dos maestros, una enfermera y un ingeniero.

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