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ENGANCHADOS A LA RED

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El caso de aquella joven adolescente gaditana comenzó a salir en los medios de comunicación de toda España como si unos científicos hubieran descubierto en el Amazonas una nueva especie desconocida. Era entonces el año 2002 y suponía el primer 'ejemplar' documentado de un joven adicto al teléfono móvil en nuestro país. Un raro 'homo sapiens adictus' enganchado al envío compulsivo de mensajes cortos (SMS).

Probablemente no era la única que hace ocho años sufría esta entrega patológica por las nuevas tecnologías, pero sí la primera que recibía un tratamiento terapéutico para desengancharse; y lo hacía, además, en un centro vinculado tradicionalmente a las drogas más duras, como por ejemplo la heroína: en la organización Proyecto Hombre de Cádiz, donde tuvieron que aprender sobre la marcha para enfrentarse a un tipo de 'mono' sin precedentes.

Aquella terapia pionera fue el germen de otras que vinieron después, cuando las tecnologías, los móviles y sobre todo Internet comenzaron a infiltrarse hasta el tuétano en el día a día de la sociedad. Ocho años después, aquel primer ejemplo ha dejado de ser una 'rara avis' y la adicción que sufría por las nuevas tecnologías aquella chica ya no es una singularidad. «Se trata de la 'adicción sin sustancia' - es decir, aparte de las drogas- que está más de moda, de la que más casos recibimos», explica Esmeralda Vázquez, psicóloga Infantil y orientadora en diversos centros educativos en San Fernando, que advierte del aumento de los niños y adultos que recurren a terapia para buscar una solución.

Casi 20 centros de terapia

Actualmente existen en el conjunto de la provincia gaditana hasta una veintena de centros que se han especializado en el tratamiento de este tipo de trastorno y adicciones. No dependen directamente de Salud, aunque mantienen convenios con la Junta y la mayoría de casos son detectados y derivados desde los centros de salud.

Aparte de los que pertenecen a la ONG Proyecto Hombre de Cádiz, que fue pionera en la materia, la Diputación provincial de Cádiz cuenta también con un Servicio de Drogodependencia que dispone de 17 centros de tratamiento ambulatorio (CTA) repartidos por distintas localidades, en los que se ofrece tratamiento totalmente gratuito.

A pesar de su nombre, este tipo de centros ha ido ampliando su espectro de adicciones incluyendo poco a poco la ludopatía, el tabaquismo o alcoholismo, hasta incluir en la nómina las nuevas tecnologías. Sin embargo, el abuso de Internet o los móviles aún no están reconocidas en las memorias de la Diputación, ya que el II Plan de Adicciones confeccionado hace años no los tuvo en cuenta. Quizá porque eran demasiado nuevos y extraños. La situación, sin embargo, cambiará a partir del próximo año, cuando el III Plan aborde las nuevas tecnologías entre las variables adictivas.

«Los que llegan aquí con este tipo de adicciones siguen siendo pocos», reconoce Luis Bononato, director de Proyecto Hombre en Cádiz, que teme no obstante que los pacientes que buscan tratamiento sean sólo «la punta del iceberg», que oculta una realidad soterrada inimaginable. «Hay otros muchos que están haciendo un uso indebido de las nuevas tecnologías y no lo saben» asegura Bononato.

Las señales de alarma para detectar si una persona es adicta no son difíciles de percibir, pero a veces se minusvaloran, como algo normal. La alarma salta cuando la Red afecta a la vida cotidiana. «Se han llegado a dar caso de separaciones», recuerda Esmeralda Vázquez, que advierte que «un adulto no suele solicitar terapia hasta que se producen problemas de pareja; en el caso de menores, es la familia la que solicita» una solución.

Señales de alarma

«Para identificar una adicción, lo ideal es analizar si ha desterrado otras conductas: si el juego con otros niños o, en el caso de los adultos, salir con los amigos, es sustituido por el uso del ordenador», explica Bononato.

Otra buena pista es un posible cambio de humor: «Si un día se estropea Internet y empiezas a estar irascible o con una actitud anómala, o si estas conectado y proponen ir a cenar, y no te levantas, puede que tengas un problema», explica el director de Proyecto Hombre, que habla abiertamente de un «síndrome de abstinencia» equivalente al que se sufre por el alcohol o las drogas. «Ciertas personas se sienten mal si no se conectan a Internet, no están a gusto, están nerviosas. Hemos notado incluso agresividad y falta de respeto. Esas personas no buscan en Internet divertimento como al principio hacían, sino evitar el malestar de no estar conectados».

Internet sin embargo es un universo demasiado amplio para simplificar la adicción a él como el sencillo hecho de navegar. Los pocos estudios que abordan este tipo de desorden, como el de la doctora estadounidense Kimberly Young -una de las primeras en diagnosticarlo- hablan no de una única adicción a la Red, sino de varios subtipos: desde el juego virtual 'on-line', a la ludopatía por Internet, el ciberporno o la navegación compulsiva -probablemente la más común de todas-. Ninguno es excluyente y pueden incluso solaparse, sin embargo ciertas personas suelen depender más de unos que de otros.

Los adolescentes, por ejemplo, suelen engancharse a los chats y programas como el Messenger, «a los que pueden estar conectados hasta siete o diez horas diarias», explica Juan Antonio Sánchez, director del CTA de Diputación en San Fernando, que disecciona el tipo de adicciones según edades: «Los jóvenes de entre 14 y 17 años son los que más acuden a tratamiento, acompañados por los padres; Los adultos, en cambio, se someten en menor medida y suelen estar vinculados a la pornografía a través de Internet», asegura Sánchez.

Más difícil de detectar

Curiosamente, las adicciones por las novedosas redes sociales, como Facebook o Tuenti, apenas han sido detectadas aún en los centros terapéuticos de la provincia. «Sabemos que también hay quien ya sufre dependencia a este tipo de servicios, pero todavía no hemos visto ningún caso, no nos han llegado», explica el director del CTA isleño. Para desengancharse, una persona puede necesitar en torno a unos seis meses, explica Sánchez, «algo menos que para una adicción al tabaco». Aunque en los casos más graves, los pacientes pueden incluso precisar el ingreso en «comunidades terapéuticas», para alejarlas de la tentación de conectarse.

A pesar de esto, en los tiempos que corren la abstinencia permanente de las nuevas tecnologías parece imposible, por lo que la terapia también debe reincorporar a los pacientes al uso responsable. «Aquella primera joven que atendimos -recuerda Bononato- pudo utilizar de nuevo el móvil».

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