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Más que los toros, yo prohibiría

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Estar en la barrera o en el tendido con el vaso de güisqui en la mano, mientras un hombre vestido de luces, con un capote o con una muleta, está allí abajo jugándose la vida con mucho arte.

La tomatina de Buñol, por maltrato vegetal. ¿Es que en España no hay vegetarianos para que protesten y presenten iniciativas de ley?

Subir a los niños chicos con una cara de miedo espantosa, que no tienen la culpa de nada los pobres, a la cima de los castillos humanos catalanes, por maltrato infantil.

El maltrato animal institucionalizado de perros y gatos en los llamados zoosanitarios municipales.

Los parques zoológicos con animales condenados sin juicio previo a prisión perpetua fuera de su hábitat.

La libertad de voto contra los toros y la disciplina de partido a favor del aborto.

Que los políticos se pasen su programa electoral por la entrepierna, es decir, por su república independiente.

Las subvenciones gubernamentales a unos sindicatos que se autocalifican de independientes, mientras la verdaderamente independiente USO está a dos velas.

Las subvenciones a un cine español que nadie va a ver, de malo que es.

Las subvenciones gubernamentales a las ONG, que paradójicamente dicen que son Organizaciones No Gubernamentales.

Los altos cargos apenas con bachillerato, que abandonaron la carrera cuando estaban en las juventudes del partido y vieron lo rentable que era vivir del carné, y que han pasado del fracaso escolar al coche oficial.

Que sea Rubalcaba por su cuenta quien dictamine los terroristas asesinos que han dejado de ser de la ETA y los que no han dejado de ser de la ETA.

Los tatuajes marineros en los brazos de los que no han visto un barco en su vida. Hombre, si por lo menos fuera el «Tatuaje» de Quintero, León y Quiroga cantado por Concha Piquer...

Las señoras en bañador en las excursiones de montaña. ¿Dónde está el mar en los Picos de Europa, se puede saber?

Los chicles que en Singapur están prohibidos y en España, repegados y fosilizados, forman parte del acerado de cualquier ciudad.

Las camisetas sin mangas, gracias a las cuales los caballeros van enseñando las sudorosas y malolientes pelambreras de sus sobacos en lugares cerrados o cogidos a la barra del autobús o del metro.

Las empresas públicas que duplican las funciones de la Administración.

Los observatorios, las mesas de seguimiento, las mesas de coordinación y las comisiones interministeriales dirigidas todas por los paniaguados ministeriales correspondientes, todos con el carné en la boca. El carné del partido que gobierna en cada sitio, faltaría más.

Los mendigos medievales exhibiendo muñones y malformaciones en las calles de nuestras ciudades de la modernidad y el progreso.

Decir «Lleida», «Girona» y «Parlament» en los telediarios en castellano.

(Y si usted quiere prohibir que los lectores me hagan los artículos con sus aportaciones, como en el presente caso, pues está también en su derecho, hombre, ¿será por prohibir?).

 

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