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El secuestro de los cooperantes, el más largo en el Magreb

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Ya han pasado 247 días desde que la caravana humanitaria de la ONG Acción Solidaria fuera violentamente interrumpida por pistoleros de AQMI en la carretera que une Nuakchott, la capital mauritana, con la ciudad de Nuadibú. Hasta hoy, el cautiverio de los españoles sólo era superado por el de un matrimonio austríaco en 2008.

En estos ocho largos meses que arrancaron el 29 de noviembre el Gobierno ha tratado de mantener un mutismo absoluto sobre la marcha de las negociaciones con los terroristas e incluso la liberación de Alicia Gámez, la única mujer del grupo, el pasado 10 de marzo, se llevó a cabo con una gran discreción. Sin embargo, el asesinato del rehén francés Michel Germaneau, de 78 años de edad, el pasado 24 de julio, hizo saltar todas las alarmas.

La decapitación de Germaneau, que había sido capturado el 22 de abril, se produjo tras un intento de rescate conjunto de tropas mauritanas y galas en la que habrían muerto seis terroristas. Poco después de confirmarse la noticia, el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero se apresuró a afirmar que Vilalta y Pascual «se encuentran bien» y que la rama de AQMI que los mantiene escondidos «no es la misma» que la responsable del asesinato del ingeniero galo.

Lo cierto es que, según declararon a LA RAZÓN fuentes mauritanas, el hecho de que el líder de Al Qaida Abdelmalek Droudkel no se haya referido a los españoles en sus últimos mensajes «hace pensar que puede haber un acuerdo sobre la mesa». Droudkel hizo unas encendidas declaraciones a la cadena Al Yazeera tras el intento de rescate de Germaneau en las que amenazó a Francia con una dura acción, pero en ningún momento nombró a los dos cooperantes secuestrados como medio de venganza.

Al parecer, la única medida tomada por AQMI hasta el momento ha sido mover de sitio a Vilalta y Pascual, aunque siempre dentro del perímetro de la parte norte del desierto de Mali en el que se encuentran desde las primeras horas del secuestro. La misma fuente asegura que en Mauritania se espera de un momento a otro una acción de represalia «de la envergadura del atentado de Casablanca o de los que cometen los kamikazes en Argelia». La colaboración militar de Mauritania y Francia (que mantiene una base secreta al norte del país) sigue siendo uno de los puntos de choque. Algunos analistas creen que si se produjera una acción sangrienta contra civiles mauritanos el Ejército podría reaccionar como en el pasado, cambiando al presidente.

«Mano dura»
El actual mandatario, el general Mohamed Abdelaziz, defiende una política de «mano dura» contra el terrorismo de AQMI y desde el principio del secuestro se opuso frontalmente a liberar a presos de la cárcel de Nuakchott, una de las reivindicaciones del grupo terrorista a cambio de la vida de Vilalta y Pascual. El propio ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, llegó a desplazarse a principios de junio a Nuakchott para tratar de convencer a Abdelaziz de que pusiera en libertad a Tarik Ould Yousef, un preso salafista acusado de atacar a policías y que aún no ha sido condenado. La respuesta volvió a ser negativa.

Con esa puerta «cerrada», aseguran desde Mauritania, la célula que lidera Mokhtar Belmokhtar habría «accedido» a recibir solamente dinero en metálico para devolver la libertad a los cooperantes, aunque este tipo de acuerdos «pueden demorarse varios meses una vez cerrados por la cantidad de intermediarios que hay en el camino».

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