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Tres «tipos raros» que crearon su propio imperio

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28-07-2010_ima2

¿Quién dijo que una planificación sesuda y una rigurosa ortodoxia llevan a las empresas al éxito? Puede que sea así en determinados casos, pero no siempre. Para demostrarlo, tres empresas sorprendentes con un denominador común: un origen extraño y fuera de lo común. ¿Qué si no pueden tener en común una de las compañías más importantes en discos y viajes, otra de helados y la más famosa fábriaca de muebles?

Nació cuando a Ben Cohen y Jerry Greenfield, dos amigos íntimos y ex hippies, se les ocurrió hacer un curso por correspondencia sobre fabricación de helados. A partir de ahí, abrieron su primera heladería en una gasolinera. Esa su primera tienda la construyeron con materiales reciclados. No les fue del todo mal, y para celebrar su primer aniversario instauraron la tradición de regalar un cono de helado a cada cliente para festejarlo.

Además, afrontaron un problema añadido: Ben no tenía ningún tipo de gusto para la comida. El problema lo resolvieron añadiendo grandes trozos de chocolate y de frutas a sus helados, para crear las “sensaciones bucales” de las que carecía el socio fundador.

Después, las campañas fueron evolucionando: celebran el día del helado gratis o jornadas en que hacen regalos a personas con un apellido concreto (Pérez, González); también colaboran con diversas ONGs, el envase de los helados es ecológico, están comprometidos con el cambio climático, regalan helados para que las personas se animen a donar sangre...

Entre las locuras en las que la empresa ha participado fue la que, en 1983, llevó a elaborar "el helado más grande del mundo ". Fue en Vermont y por supuesto se usó helado de Ben & Jerry's. Suena raro, pero estos dosya no tan jóvenes heladeros ganaron en 1988 el premio de Pequeños Empresarios del Año de EE UU, concedido por el presidente de Estados Unidos. Ahora, la empresa es propiedad de Unilever pero no por ello ha perdido sus valores.

De discos y aviones
Aviones, discos, viajes por el espacio, tiendas de música, películas... Todo un universo de más de 360 empresas creado, principalmente, por sir Richard Branson. El nombre de la marca Virgin hace referencia a que los discos que al comienzo vendía estaban en un estado similar a los nuevos, los de primera mano.

Su primer "negocio" lo montó a los 15 años. Fue la edición de una revista que financiaba vendiendo la publicidad de sus páginas. Años después, su primera empresa seria consistiría en cruzar el Canal de la Mancha para comprar discos descatalogados que vendía en Londres.

A los veinte años, Branson seguía vendiendo discos por correo pero a un precio menor que el de los "outles" de segunda mano y con unos descuentos a gran escala. Poco más tarde, Branson abrió su propia tienda de discos y lanzaba su sello musical (Virgin Records). Tubular Bells, de Mike Oldfield, fue el primer disco que editaron. A Olfield le habían rechazado en varias discográficas, pero Branson había acertado. Fue un bombazo que lanzó a la fama a los dos.

Ahora, esa tienda y ese sello se han convertido y diversificado en 13 aerolíneas, cómics, telefonía móvil, patrocinio de torneos deportivos, farmacéuticas, colaboración con el medio ambiente, libros, juegos... Y eso que Branson sufría dislexía y su expediente académico fue muy bajo. Ahora trabaja y disfruta de la vida. Son frecuentes sus apariciones en programas de televisión y hasta en películas. Incluso cuenta con su propio equipo de Fórmula 1.

Móntelo usted mismo
En un pueblecito sueco donde abundaba la madera, en plena Guerra Mundial, un joven granjero comenzó a vender por correo pequeños productos a precio asequible. Ingvar Kamprad, el creador del invento, decidió ampliar en 1947 el negocio con muebles. Fue tal el éxito que principios de la década de los 50 decidió centrarse exclusivamente en la venta de mobiliario.

Tras la focalización del negocio, la empresa apostó por crear un catálago de productos. Uno similar al que sigue llegando a la mayoría de las casas todos los años. Y comienza la venta de productos “de diseño” y bastante resistentes pero la guerra de precios con la competencia: bajos márgenes de ganancias y el riesgo de perder la calidad.

Es a partir de una feria en la que la empresa, ya llamada Ikea, participó a principios de los cincuenta, comienza a ganar fama y a sufrir los feroces ataques de sus competidores: la exclusión en ferias e intentos de boicot al abastecimiento de su fábrica. La respuesta: en 1955, la compañía comienza a diseñar sus propios muebles, pensando en que deben poderse transportar de la forma más plana posible.

La primera tienda física se abrió en 1963 en Noruega, cerca de Oslo, pero el primer gran establecimiento no se inauguró hasta dos años después. Fue en ya en la misma capital del país, con unos 46.000 metros cuadros de superficie e inspirada en el Museo Guggenheim de Nueva York. El año pasado, un total de 590 millones de visitantes acudieron a sus 267 tiendas.

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