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Saharauis con buenos ojos

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Como la de un águila. Así tiene Jadu, una niña saharaui de 11 años, la vista. Ella es una de las beneficiarias de la revisión gratuita que hace la Clínica Baviera a entre diez y quince niños más procedentes de esta zona y que pasan el verano con familias de Valladolid. Este acuerdo se ha alcanzado gracias al compromiso de la Clínica Baviera de Valladolid con la Asociación de Amigos del Pueblo Saharui de Castilla y León, la ONG dedicada a promover estancias estivales para niños procedentes de los campamentos saharauis ubicados en Tinduf, en pleno desierto argelino.

Esta colaboración comenzó ayer y se prolongará hasta el próximo viernes con el objetivo de poner al alcance de estos menores un servicio médico al que no tienen acceso en el lugar donde residen habitualmente, por lo que desde la dirección del centro y de la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de Castilla y León se insta a las familias de acogida a que soliciten la realización de este examen ocular.

La organizadora de este proyecto pionero, Alicia Mancebo, confía en que para el próximo año esta revisión se extienda a todos los niños saharauis acogidos por familias vallisoletanas. «Este es el primer año que lo organizamos y queremos hacerlo más veces», argumenta. Mancebo lamenta que no hayan podido ver a más niños porque muchos ya han regresado al Sáhara Occidental. «Esto es una toma de contacto para ver cómo sale y organizarlo en futuros años con mayor antelación para que se acojan muchos más niños», añade.

Estancia

Jadu comprobó ayer lo positivo de estas pruebas, aunque ella no padece ningún problema de visión, puesto que en las pruebas practicadas por la doctora Mancebo apenas cometió errores. Esta niña es el tercer año que viene a pasar el verano a Valladolid, siempre con Javier Gómez y Lari Mesonero como padres. Hace cuatro años estuvo en Italia, pero desde que fue acogida por la familia Gómez-Mesonero, es una habitual del programa 'Vacaciones en Paz ' en el que 60 niños del Sáhara pasan los meses de julio y agosto en diferentes puntos de Valladolid y provincia.

En su Sáhara natal, Jadu es la mayor de cinco hermanos. El más pequeño, Abdelahi, vivirá con esta misma familia el próximo verano, ya que éste es el último que Jadu pasará en España. Su padre vive en Jaén desde hace unos años y los progenitores adoptivos de la pequeña confían en conocerle «el próximo octubre», según Javier.

Esta saharaui llegó el pasado 28 de junio y ya cuenta los días que le faltan para regresar a Tinduf: «32», manifiesta deseosa de volver a reencontrarse con su familia. Su padre de acogida, Javier, destaca el apego que los saharauis sienten por su tierra y Jadu confirma esta teoría. «Me gusta España, aunque prefiero vivir con mi familia en el Sáhara», opina. Y continúa añadiendo que tiene ganas de volver, entre otras cosas, para llevar a sus hermanos «muchas salchichas», para ella su comida favorita junto a la pasta y todo tipo de carne. «No me gusta la verdura ni el pescado», dice.

El tiempo que Jadu pasa en España no solo es benificioso para ella, sino también para todos los que disfrutan de su presencia. Javier anima a la gente a que acojan niños durante el verano «porque se les da mucha vida, tanto a nivel médico como alimenticio. Son muchas motivaciones y una vez que estás involucrado de lleno, te enganchas». También valora el hecho de que una empresa privada como la Clínica Baviera se dedique altruistamente a revisar la vista a estos jóvenes.

Convivencia

La familia española de Jadu la acogió como una más desde el primer día. Además de sus padres, Javier y Lari, vive con David, Sergio y Javier, unos chicos que disfrutan mucho con su presencia. «Con ella jugamos a la Wii y la DS», comenta Sergio.

La facilidad para aprender español ayudó a Jadu a integrarse en esta familia vallisoletana más rápidamente. «Llegó sin saber prácticamente una sola palabra y ya veis cómo se explica», afirma Javier, quien a su vez reconoce que no sabe escribir en español. «Habla y entiende muy bien el castellano, pero la escritura es otra cosa. Eso sí, aunque no sabe escribir en el ordenador, los videojuegos los maneja a la perfección», continúa.

Pero a Javier, Lari, David, Sergio, Javier y Jadu hay que añadir un nuevo miembro: Nano, un revoltoso bóxer de un año, que al principio asustaba a Jadu pero que luego se hicieron amigos. «Somos una familia numerosa», sentencia Lari.

El 27 de agosto Jadu volverá a Tinduf, donde presumirá ante su familia natal de tener una salud y, sobre todo, una vista de hierro.

 

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