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Seis meses de vida sobre escombros

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En las semanas que prosiguieron al terremoto más devastador del Caribe, un rayo de esperanza se abrió paso entre las montañas de cadáveres, acunado por la solidaridad del mundo: ¿será ésta la oportunidad de sacar a Haití de la miseria? Hoy, al cumplirse seis meses de la tragedia, las cifras son poco alentadoras: del millón y medio de 'sin techo' que dejó el seísmo, apenas cien mil han vuelto a sus hogares, y sólo 28.000 tienen nuevas casas.

La vida ha vuelto penosamente a Puerto Príncipe, pero encaramada sobre los escombros que aún entierran a parte de los 300.000 muertos, y en los lugares más arriesgados, como el campamento de toldos instalados en la mediana de una concurrida carretera que retrataba el domingo 'The New York Times'. En otras partes de la ciudad donde los campamentos han surgido en colinas y quebradas, cerca de 40.000 personas están en peligro de perecer por los deslizamientos de tierras que traerán las lluvias torrenciales en temporada de huracanes.

La frustración se ha adueñado de las más de 11.000 ONG que intentan canalizar en Haití la repuesta más generosa que haya tenido el mundo ante ninguna otra tragedia. Al menos de palabra. Nigel Fisher, coordinador de esfuerzos humanitarios de la ONU en la isla antillana, puso ayer los puntos sobre las íes ante las críticas que brotan de semejante foto. «De los 2.600 millones de dólares (2.000 millones de euros) que el mundo prometió en la conferencia de donantes del 31 de marzo sólo se han entregado 700 (553)», explicó.

Ni epidemias ni revueltas

De lo que no se habla, es de lo que no ha ocurrido, se lamenta la ONU. Por ejemplo, de la ausencia de epidemias o de revueltas, de los índices de desnutrición, que no sólo no han empeorado sino que han mejorado entre los niños de algunas zonas especialmente marginales.

Los escombros que se amontonan en el poco suelo disponible de la capital no son los mismos que vimos los periodistas después del 12 de enero. «Esos se han recogido. Los que se ven ahora son los que saca la población de sus casas», asegura Fisher.

Son el mayor impedimento para la reconstrucción en zonas a las que a menudo no se puede entrar ni con una carretilla de mano. Se calcula que con mil camiones se tardarían cinco años en limpiar la capital haitiana, pero sólo operan 300. Por eso Fisher citaba por viodeconferencia la maquinaria pesada como la primera necesidad, algo para lo que urge la generosidad privada.

Fisher pide paciencia a los que juzgamos la recuperación por el resultado de estos seis meses. «La planificación urbana lleva tiempo, pero es muy importante. No queremos reconstruir con el mismo caos de antes». Y en su defensa recuerda que Haití ya era antes un país donde seis de cada siete personas vivía en chabolas sin acceso a agua potable, algo de lo que disponen ahora, como prueba la ausencia de cólera en los 1.300 campamentos improvisados. «¿Vamos a sacarlos de allí en los próximos meses? No, habrá campamentos durante años. Éste es el mayor desastre que haya visto nunca el mundo en un país que ya era muy débil».

 

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