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«Murió haciendo lo que más le gustaba, ayudar a los demás»

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11-07-2010_ima2


Cuando las imágenes del terremoto de Haiti llegaron a España, la santanderina Lorena Guerrero Sevillano se propuso que su próximo viaje sería para ayudar a los más necesitados. Por eso decidió pagar 2.000 euros de su bolsillo para viajar a Perú y trabajar como voluntaria para una organización no gubernamental local, la Asociación Señor de Huanca. «No era el primer acto solidario que hacía. Antes ya había traido a casa a niños saharauis para cuidarlos. Estaba muy concienciada con esos temas». Quien habla es su padre, José Luis, teniente coronel del Ejército y también cántabro de nacimiento. Él fue uno de los primeros en enterarse, el pasado día 6, del fallecimiento de su hija, y de tres de sus compañeras, todas españolas, en un accidente de tráfico cerca de Cuzco.

Lorena tenía 27 años y vivía con su novio en Aguadulce, un pueblo de Almería donde daba clases de Matemáticas en el Instituto tras haber acabado la carrera de Ingeniería Informática Superior. En Granada vivían sus padres, José Luis y Manoli, y sus dos hermanos, Eduardo y Paula. Aunque toda su vida discurría en Andalucía, sus vínculos con Cantabria seguían siendo «muy fuertes», explicó a este periódico José Luis.

«Cuando mi mujer estaba embarazada de Lorena y de su hermano mellizo, Eduardo, yo era capitán de regimiento, y pedí ser trasladado a Santander sólo para que pudieran nacer en Cantabria», explica su padre, quien ayer recibió en Granada los restos mortales de su hija.

Lorena nació, así, en el antiguo Hospital Madrazo, rodeada de la familia que todavía hoy conserva en Santander, como su abuela, sus dos tías, su tío y un primo. Todos ellos se trasladaron ayer a Granada para compartir con sus allegados estos momentos tan dolorosos.

Cuando cumplió dos años, Lorena y su familia se marcharon a Granada, pero los viajes a Santander se mantuvieron casi todos los años. «Le encantaba volver a Cantabria todos los veranos. Seguía manteniendo un grupo de amigos que estos días nos han llamado desolados. Y durante el año, como era muy aficionada del Racing, íbamos a verle jugar a El Sardinero de vez en cuando», recuerda José Luis. Su última visita a Santander fue hace dos años, para hacer compañía a su abuela, enferma de Alzheimer.

«Cuando estaba en Perú nos comunicábamos por Internet. En los últimos mails que mandó se notaba que estaba muy contenta por el trabajo que hacía allí», señaló su padre, y es que Lorena llevaba todo el año recaudando dinero para poner duchas calientes en un poblado en el que sólo hay un grifo de agua fría.

Pero encontró la muerte en Cuzco cuando la camioneta en la que viajaba se vio obligada a hacer una brusca maniobra a causa de un camión que estaba cruzado en la carretera, y cayó por un barranco de 300 metros de altura. Otras tres de sus compañeras fallecieron y cinco resultaron heridas. «Perdió la vida haciendo lo que más le gustaba, ayudar a los demás», responde su padre con una entereza admirable. El entierro será hoy, domingo, en el pueblo granadino de Peligros.

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