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LOS BLEUS

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26-06-2010ima1


Que un partido de tenis dure 11 horas como el jugado en Wimbledon resulta extravagante, casi absurdo, pero es que la vida se sale constantemente de lo normal. Lo normal es una mda ideal e inalcanzable que roza lo conveniente, lo perfecto, el decoro, lo que debería ser. Pero todos queremos lo mejor para nosotros mismos y ya no nos impresionan palabras como honor, honradez, lealtad, sinceridad, heroísmo, que fundamentalmente han servido durante muchos siglos para que quienes se las saltaban subiesen algunos peldaños más que los demás. Y por eso, junto a estas palabras ejemplares existen otras como hipocresía y cinismo. Para resumir, estamos ya todos un poco de vuelta de todo.

Me estoy dejando llevar por este relativismo unas horas antes de saber cómo va a resultar nuestro encuentro con Chile en los Mundiales. Que va bien, fenomenal. Que perdemos, dejarán de venderse camisetas, botas, relojes. ¿Qué tienen que ver con el honor las marcas publicitarias que exhiben los macizos cuerpos nuestros guerreros? ¿Qué tiene que ver con la honra el que a partir de ahora (tal vez no) tales productos bajen en picado? Digo esto porque ante el espectáculo que ha dado la selección francesa en Sudáfrica un compatriota suyo dijo horrorizado que ellos (los franceses) no son así y soltó la palabra honor. Realmente Francia es un país que se preocupa mucho por su imagen y que la exporta como nadie. De hecho no hay película francesa donde no se descorche una botella de vino del país o no se beba champán. Han logrado clavar en la mente colectiva del planeta la Marsellesa, la Torre Eiffel, las boinas ladeadas de la resistencia, el existencialismo, a Juliette Greco, el nouveau roman. Es natural que su imagen les preocupe. ¿Qué será a partir de ahora del paté de canard y el queso? ¿no salpicará a las adivinas de la línea ochocientos el estrepitoso fracaso de las predicciones del tarot con que Raymond Doménech formaba el equipo?

¿Nos tocará igual de hondo Mayo del 68 después de oír a Anelka insultar al entrenador? ¿y después de verles perder y volver a casa con las orejas gachas, sin dar la cara, sin honra ninguna? Los patrocinadores ya habían ido retirándose y las cadenas de ropa, las camisetas Adidas de la selección cayeron en picado. Ante un país salpicado por el ridículo Sarkozy exigió responsabilidades y recibió al delantero Thierry Henry en lugar de hablar con los sindicatos por la cuestión de la jubilación, amén de anular otra reunión con una ONG. Pero, bueno, ¿qué quiere la gente? El fútbol mueve el mundo y las agendas políticas. Menos mal que en el fondo, lo sé de buena tinta, los franceses se han divertido lo suyo con este culebrón y todos nosotros. Gracias Francia por alegrarnos los mundiales. Con el tiempo también esto lo exportaréis.

 

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