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Un grano de arroz para un comercio justo

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Un grano de arroz es insignificante pero puede significar mucho para países como Haití, tanto como la propia subsistencia. El país antillano producía hace menos de cinco décadas el 80% del arroz que consumía, alimento básico entre su población. En 1995 el Gobierno permitió que EEUU invadiera el mercado nacional. Fue una catástrofe. Los cultivadores de la isla no pudieron competir con un producto que se vendía por debajo del precio de coste porque estaba fuertemente subvencionado. Haití pasó a importar el 80% de este tipo de cereal y miles de campesinos se desplazaron del campo a las ciudades, inmersos en agujeros de marginalidad y miseria. El terrible terremoto de enero se cebó, como siempre ocurre, con los más pobres.

Ayuda en Acción, Fundación Proclade, Intermón-Oxfam, Setem-Rioja y Sodepaz Rioja-Tienda de la Solidaridad se unieron ayer para celebrar el Día del Comercio Justo con la vista puesta en Haití. Una gran paella de arroz aromático integral con verduras locales y ecológicas -distribuida en unas 200 raciones- fue ofrecida a los logroñeses en el entorno de las Escuelas Trevijano; un gesto festivo para tocar las 'conciencias' e invitar a reflexionar sobre la necesidad de un comercio justo en el mundo. Junto a la degustación (al precio de 1,5 euros destinados al país caribeño), los participantes pudieron informarse sobre esta alternativa solidaria de consumir y también firmar un manifiesto en contra del recorte de las ayudas oficiales destinadas a la cooperación al desarrollo. Un millón de firmas esperan recoger las ONG para presentarlas al Gobierno en los próximos meses.

La sociedad comienza a estar concienciada de la necesidad de mirar de otra forma a los países del Tercer Mundo; no es una asistencia paternalista sino de «justicia», señalan. Aquí es donde el concepto de comercio justo busca su lugar. «Es una llamada de atención hacia las redes comerciales que utilizamos; lo que no puede ser es que el sistema penalice a los productores cuando sale de su origen y que la cadena de comercialización se vaya enriqueciendo sin más. La persona que produce debe conseguir un salario adecuado para mantener su trabajo y sus campos», indica Carmen de Lemus, delegada de Ayuda en Acción.

«Los productos de comercio justo favorecen a cooperativas, a grupos de agricultores y a artesanos que elaboran sus productos y a través de las ONG se traen al primer mundo», indica.

Café, cacao, galletas, caramelos, artesanías, ropa, complementos... Un abanico cada vez más amplio de artículos que se pueden encontrar en las tiendas de comercio justo, sedes de las ONG y, en menor medida, en algunas grandes superficies. Son algo más caros que los productos habituales pero la calidad está garantizada y, en algunos como el café y el cacao, incluso es superior.

«Hay que tener en cuenta que no hay producción grande como para asegurar el suministro. Pero nuestro objetivo no es vender mucho sino ser una llamada de atención de que estos productores tienen que conseguir un sueldo digno que les permita mantenerse a ellos y a sus familias».

Las ONG actúan como intermediarias. En la mayoría de las ocasiones, son ellas las que compran directamente a las cooperativas y agricultores, antes de que se venda, «algo que las redes comerciales no hacen», recuerda De Lemus. «Sólo somos intermediarios, no actuamos para recaudar dinero; nuestra labor es de sensibilización», apostilla.

Detrás de un grano de arroz o de café, o de una pizca de cacao del Tercer Mundo, siempre hay una familia, un territorio, una colectividad y muchas historias.

 

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