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Las empresas del polígono de Maqua luchan por recuperar la normalidad

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El polígono industrial de Maqua ha sido uno de los lugares de la comarca que mayores complicaciones ha conocido por las lluvias de los últimos días. El pasado viernes se cumplió una semana desde que los trabajadores y empresarios se encontraron en la madrugada con sus naves anegadas y con el agua a un nivel de medio metro de altura. A lo largo de la semana pasada, aún proseguían con las tareas de limpieza y a la espera de que concluyan todas las reparaciones de maquinaria para poder recuperar la normalidad.

«Es el sexto contenedor que sacamos», comentaban el pasado miércoles en la empresa Margen Serigrafía y Estampación. Las dos socias del taller, Ana Belén Iglesias y Lorna Martínez, llevaban unos días sacando prendas de ropa y todo tipo de artículos de regalo promocional, muebles, expositores, ordenadores... «Todo está perdido», decían.

«Ahora ya estamos más tranquilas. ¡Qué remedio!», afirmaba Lorna Martínez poco antes de recordar cómo llegaron aquel viernes a la nave tras una semana «en la que estuvimos trabajando día y noche para entregar un pedido ese mismo día». Cuando abrieron la puerta, se encontraron con que todo el trabajo estaba irremediablemente perdido. «Ahora a ver si podemos empezar, aunque sea a medio gas, a partir de esta semana», comenta Ana Belén Iglesias.

En el polígono de Maqua, una vez superado el mal momento de las inundaciones del pasado día 11, comienza a verse mayor humor. Aún así, las lluvias han sido todo un jarro de agua para un conjunto de naves que, en su mayoría, son pequeñas empresas familiares.

«Cuando la cosa ya no iba demasiado bien, nos pasa ésto», se lamentaba Vicente Lorenzo, de Lomar Carpinteros. En su caso, el agua dejó inservibles 400 puertas listas para ser entregadas. La práctica totalidad del material con el que trabajan en su taller, quedó destruido, y decenas de pequeñas herramientas se extendían, cuando este periódico visitó su empresa, por el suelo de la nave a la espera de ver si, tras el pertinente secado, volvían a la vida.

A pocos metros, los cuadros de fusibles y parte de la circuitería de una de las máquinas de la carpintería aguardaban el mismo proceso. «Esperemos que sequen y vuelvan a funcionar, porque sólo esta placa cuesta 3.000 euros», indicaba Lorenzo.

Ante eso, y a espera de que se hagan las cuentas definitivas, los daños que han sufrido las empresas del polígono de Maqua se adivinan millonarias. En un flanco de este espacio industrial, sólo en una nave en la que trabajan habitualmente siete personas, se encontraba Javier Suárez, de Encuastur. La empresa, de encuadernación, ha perdido miles y miles de euros en papel, cartón... en su mayoría papel impreso de publicaciones que aguardaban su tratamiento en la nave del polígono avilesino-gozoniego.

«Lo que no fue alcanzado por el agua se ha echado a perder por la humedad», lamentó Suárez, quien recordaba ayer cómo el agua del desbordado río próximo rodeó el conjunto de naves por todos lados. «El agua entraba por todas partes, por detrás, por delante... todo estaba cubierto de agua».

Apoyos

Al margen del susto, en el polígono de Maqua mostraban en estos días cierto pesar por el escaso apoyo que, indican, han recibido en la última semana. «Aquí nadie ha venido a visitarnos, a preguntarnos qué necesitamos. Los únicos que se han molestado habéis sido los de los medios de comunicación», apuntaban en una de las naves, donde no se sentían respaldados por las administraciones tras lo que ha sido una auténtica catástrofe para los pequeños negocios del polígono.

En algunos casos, a los daños materiales sufridos se suma la incomprensión de ciertos clientes y la incertidumbre sobre el futuro. «Mucho nos tememos que los clientes más recientes los perdamos», afirman en Margen Serigrafía, donde en algún caso han tenido que remitir fotografías con los daños sufridos para justificar el retraso en la entrega de los pedidos. «Supongo que hay gente que ha tenido que soportar tantas mentiras que ya no se fía de nada. Aunque en este caso les hubiera bastado con leer los periódicos», apuntaban en la pequeña empresa.

En Lomar Carpinteros también saben lo que son las apreturas para atender a los clientes mientras se trata de recuperar la normalidad en las instalaciones de la empresa. «Teníamos que preparar cien puertas para la obra de El Molinón para entregarlas en estos días. En principio estamos preparando todo para conseguirlo», afirmaba Vicente Lorenzo, responsable de un taller en el que, contándole a él, trabajan cinco personas.

Ahora, en todas las empresas confían en olvidar lo ocurrido hace ahora una semana cuanto antes. «Llevamos toda la semana limpiando. Ahora sólo falta que empecemos a ganar algo de dinero, porque si no...», añaden en Margen Serigrafía y Estampación, que a las tareas de limpieza de la nave y la maquinaria -aún en reparación-, han sumado la de cientos de piezas de ropa. «Las hemos donado a una ONG. El agua las ha inutilizado para su comercialización, pero se pueden aprovechar», añaden. Y es que no todo en Maqua se ha ido en estos días por los sumideros.

 

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