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Pues era "sí o sí"

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Con el respaldo de PP y UPyD, el pasado martes quedó aprobado el Plan de Convivencia Democrática y Deslegitimación de la Violencia, como anunció el lehendakari López en comparecencia en solitario tras el consejo de Gobierno celebrado en Gernika. Tenía ya la foto deseada, en el lugar deseado. Vendiendo esa imagen se consumaba la verdadera intención que movió al Gobierno del cambio a reemplazar "sí o sí" el Plan de Educación para la Paz y los Derechos Humanos elaborado por el Gobierno de Ibarretxe tras un ímprobo trabajo de años por el equipo de Jon Landa.

Poco importaba que en aquel trabajo hubieran participado desde la Oficina de Atención a las Víctimas hasta representantes de todas las instituciones, pasando por aportaciones de todas las sensibilidades políticas que estuvieron dispuestas a ello, ONG y, sobre todo, el Consejo Escolar Vasco y otras instituciones educativas. Para los nuevos mandatarios de PSE y PP, aquel Plan adolecía del pecado nefando de la equidistancia y había que desalojarlo como se desalojó al nacionalismo vasco, por las bravas, con otro Plan, aunque cupiera en un magro mazo de folios. El caso es que aparecieran ETA y la Constitución.

Cuando llegaron las protestas de la oposición, cuando se fue comprobando que el nuevo Plan tenía más de adoctrinamiento que de pedagogía, más de reduccionismo que de sensibilidad hacia todas las víctimas, Basagoiti se soltó la melena y chuleó con lo del "sí o sí" porque sabía que aquello se aprobaría porque se trataba de una iniciativa estratégica que buscaba sólo la imagen del reproche al Gobierno anterior y el espejismo del cambio. Con contenido o sin él. Y PSE y PP hubieran ido hasta el final, de no haberse cruzado el Consejo Escolar advirtiendo de que aquello no tenía un pase. Ya sabían, ya, que no iba a colar sin más y que habría que simular transigencia y flexibilidad. Echó mano López de su supuesto talante dialogante y aceptó que el PNV le diera un cepillado con tal de que fuera aprobado cuanto antes. Al PP le pareció bien, porque las modificaciones introducidas no iban a poner en riesgo lo que realmente importaba: el nuevo Plan arrumbaba al anterior y quedaba claro que ha llegado el cambio.

Se dice, a veces con demasiada ligereza, que esta iniciativa ha sido cosa del PP, que les marca el paso a los socialistas. Pues no creo que esté tan claro, al menos en este caso. Hay en el PSE un sector que encabezaría Rodolfo Ares, que interpreta la nueva situación emanada del pacto con el PP con un claro sentido de revancha. Éstos, cuando llegaron al poder de aquella manera, interiorizaron el principio del "se van a enterar" de manera que a los anteriores, ni agua. Y en ello están, poniendo del revés cuantas iniciativas del tripartito tuvieran que ver con la cultura, la educación, la información, la violencia o la identidad. Da igual que ese empeño no pase de los fuegos de artificio, de la pose para la galería, como en esta ocasión ha ocurrido con el Plan de Convivencia Democrática que presentaron. Había que aprobarlo, como fuera, para que quedase claro que aquí ha habido un antes y un después.

Que el consejero de Interior sea el adalid de un plan de educación es como aquello de pretender que la música militar sea música. Que un proyecto para la educación se base más en la política que en la ética es una insensatez. El pretexto para dar otra vuelta de tuerca al desmantelamiento de las iniciativas del Gobierno Ibarretxe, en este caso, se apoyó en supuestos estudios o informes con más base sociológica y demoscópica que científica, que fijaban en un 15% el sector de jóvenes vascos que legitimaban el uso de la violencia para objetivos políticos. Y, claro, eso no se podía consentir y había que tomar las riendas para imponer en las escuelas lo que los gobiernos nacionalistas no se atrevieron a imponer.

Lo que al final se ha aprobado, poco tiene que ver con lo que se pretendía gracias a que el Consejo Escolar mandó a parar y a que el PNV logró que el Plan fuera una "refundición" del anterior. Les ha dado igual, porque lo que importaba era que fuera aprobado con foto y titulares. "Sí o sí". Mirando al futuro, que la comunidad educativa ignore el Plan y pase de él, eso ya importa menos. Que, con Plan o sin él, en las escuelas vascas se siga educando como hasta ahora en valores como la tolerancia y el respeto a los derechos humanos es un dato del que quizá haya que echar mano algún día para apuntarse el tanto.

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