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Caciques sin frontera

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EL miércoles de la próxima semana habrá elecciones en la provincia de Badajoz para renovar los órganos rectores de la Cámara de Comercio, algo aparentemente marginal porque, sabiamente, así ha sido, así es y así será si sus 52.000 electores con derecho a voto no lo remedian y, como suele ser habitual, se desentienden de un asunto que tanto puede afectarles, pero que no les afecta nada. Nada de nada, porque la Cámara de Comercio es la única institución que sigue con el mismo sello y con el mismo sesgo que ha mantenido durante los últimos 40 años. Por ella no ha pasado el tiempo y sigue ahí, con ese tufillo mohoso y unipersonal que tanta indiferencia causa incluso entre sus propios electores. Es un día laboral, que exige organización y sacrificio para acudir a las urnas, como para ir al médico, pero el que algo quiere algo le cuesta.

Ahora se presenta una alternativa organizada y con posibilidades, porque pese a haberlo intentado, 'el de siempre' no ha conseguido tumbarla en los despachos de ningún 'amigo'. Ése, 'el de siempre', debería registrar de inmediato su ong personal, 'Caciques sin frontera', y erigirse en ella sumo sacerdote de 'pucherazos a gogó', porque esa es la especialidad de un agricultor sin tierras y empresario sin empresas, que ha dado en su vida menos peonadas que Paquirrín. Contra vientos y mareas, hay dos opciones para elegir y ninguna opción para quedarse en casa, pasar y no votar.

Si los 52.000 electores están satisfechos con lo que hay, que no lo dudo, deben acudir a las urnas para ratificar su gestión, pero si quieren algo diferente, deben votar para cambiar, porque después solo queda el recurso del pataleo y comienza a ser pesado oír a tanto pequeño industrial, a tanto comerciante, lloriquear por el abandono a que se ven sometidos, sin reparar que son ellos los primeros en abandonarse con su pasividad y conformismo a la hora de la renovación de los órganos que dicen representarles. Hace cuatro años apenas votó el 4,5% del censo, y eso dice muy poco de los quejitas que prefieren lloriquear y que otros decidan por ellos. Más de un 95% de abstención es algo que descalifica cualquier proceso electoral y, sobre todo, descalifica a la organización de unas elecciones con más púas que el traje de Espinete. ¡Votad y dadle de su medicina!

Tenemos tan asumido el recurso de la queja que muchos van por la calle con cara de haberse tragado el palo de una fregona. Todos los 'dolorosas' deberían reagruparse, hipar entre ellos y dejar de darnos la tabarra a los demás. ¡Plastas, que sois unos plastas! Permanecéis cruzados de brazos y no ponéis nada de vuestra parte para cortar las monsergas inútiles que os sangran. ¿Después de 30 años todavía no os habéis enterado de que somos nosotros, con nuestros votos, los que elegimos y decidimos? Merecéis que se os diga lo que el cura al matrimoniar: 'dilo ahora o calla para siempre'. En vuestro caso, pequeños empresarios, industriales y comerciantes, 'vota el miércoles o cállate y nos des más el coñazo'. ¡Ay, cuánto clon hay de Boabdil el Chico!

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