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Solidaridad puntera

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En Santa Cruz de Bolivia hay un hospital puntero apuntalado por ourensanos. Cuando, hace veinte años, las ONG eran apenas una larva rugosa en la conciencia social, el cirujano pediátrico del Complexo Hospitalario de Ourense Manuel Garrido Valenzuela tuvo una urgencia solidaria y se fue a Bolivia durante sus vacaciones a operar a niños con malformaciones congénitas que, en ese país, estaban abocados a una muerte tan cotidiana como el hambre.

Dos décadas después, Garrido Valenzuela sigue haciendo lo mismo. Con idénticas ganas. Pero el pequeño hospital de Santa Cruz en donde en aquella época los niños eran atendidos en el suelo sobre los tapetes (aguayos) en los que los transportaban sus madres, se ha convertido en uno de los centros hospitalarios de referencia del país. De las 16 camas iniciales ha pasado a contar con más de 140 "y con excelentes profesionales sanitarios y medios". Los médicos residentes bolivianos realizan allí sus prácticas y como la pobreza es "muy solidaria", todo el mundo "se pelea por trabajar". Las aportaciones económicas de los ourensanos, y también las de la Xunta, "que hasta ahora no ha fallado nunca", han sido cruciales.

El doctor Garrido preside una asociación llamada Primero de Mayo, como el hospital que se empeñó en rescatar. El cirujano pediátrico forma un tándem con la responsable de organización, María García, y el tesorero, Julio Rivera. Anualmente celebran una cena solidaria en la que los ourensanos se vuelcan. La solidaridad alcanza tales cotas que, en una ocasión, no sólo sufragó la operación en el hospital Gregorio Marañón de Madrid -a cargo del mejor especialista del mundo, el mexicano doctor Peña- de una pequeña boliviana, Rosalía, con una cloaca (malformación congénita en la que todos los aparatos desembocan en un solo punto), sino que sobró dinero que la asociación destinó a la compra de una vivienda para la numerosa familia de la niña, que "quedó totalmente recuperada".

Durante los primeros años Garrido trabajó solo. Enviaba contenedores con material cada dos años. Después creó la asociación, integrada por tres personas, que le alivia la logística y le permite centrarse en la vertiente quirúrgica.

El médico ourensano opera a una media de 60 niños cada año en el mes que acude a Santa Cruz. La mayoría de las intervenciones son de malformaciones congénitas como labio leporino, fisura palartina o colostomía. "Yo trabajo muy a gusto en Ourense, pero lo hago a cambio del pan y de un estatus; no tiene nada que ver con la sensación que produce trabajar a cambio de nada que no sea ayudar a salvar vidas". Y concluye justificando su vocación: "Lo que tiene el trabajo solidario es que es adictivo".

La adicción es tal que Garrido Valenzuela no falta un año a esta cita vacacional y se trae, además, de vez en cuando a su casa ourensana -"es muy grande, cabemos todos"- a algunos pequeños que han de ser operados en España, como Rosalía.

Cada año, la Asociación Primero de Mayo apremia a los ourensanos, mediante una "cena solidaria", para que sigan colaborando. En esta ocasión, apela al "surazo", el viento que llega de Chile sólo una vez al año pero que hiela, en el trópico, el pabellón de pediatría construido en su día con tal premura y escasez de medios que bajo las tejas no hay más que una fina capa de porexpán. "Los niños recién operados quedan tiritando con la tripa abierta", detalla el pediatra.

El hospital Primero de Mayo es ya de los mejores de Bolivia y atiende a una población de referencia de 250.000 personas que en su mayoría huyen de la miseria del altiplano. Garrido Valenzuela cuenta los días que le quedan para tomarse sus vacaciones solidarias de este año. Será en noviembre, como siempre, en la primavera boliviana, cuando revienta la naturaleza y la vida es todo un espectáculo.

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