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Un avión para cambiar el mundo

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10-04-2010_ima1


Una riada de niños recibió el avión de la ONG Alas Solidarias cuando éste aterrizó hace unos meses en una pequeña pista de tierra perdida en alguna región remota de Níger. Era la primera vez que esos pequeños veían un aeroplano. «De repente aparecieron varios militares y comenzaron a golpearlos», recuerda Juan Vidal, piloto lorquino y presidente de esta asociación, la primera de pilotos civiles en Europa que opera con el Tercer Mundo. «Hoy todavía me cuesta dormir. Aquello es tocar fondo».

Alas Solidarias nació oficialmente hace cerca de dos años. La idea rondaba la cabeza de este piloto desde hacía tiempo. Cuando comenzó a trabajar en Cuatro Vientos (Madrid) decidió darle forma. El proyecto de un pequeño grupo de pilotos «llevando ayuda a África con un pequeño avioncito» fue cobrando fuerza y, a día de hoy, esta ONG ya congrega a cerca de un centenar de profesionales. Más de tres mil colaboradores en todo el mundo.

«En la aviación todo es muy costoso y difícil», explica Vidal, de 37 años. «Nosotros tratamos de solucionar el problema de transporte de las ONG». Actualmente esta asociación opera con diversas organizaciones, entre ellas Infancia sin Fronteras, con la que emprendió el viaje a Níger. El objetivo era hacer llegar medicamentos a la zona.

«Para llegar desde la capital a esa región hay 24 horas de viaje por carreteras tortuosas. Cuando llegas, la mercancía está destrozada». Ahí es precisamente donde esta ONG puede cambiar las cosas. En ese país, en el que se calcula que hay 15.000 niños abandonados, planea Alas Solidarias establecerse en breve.

Níger no es el único destino en el que aterriza esta asociación. Alas Solidarias trabaja actualmente con Marruecos, Irak, la Franja de Gaza y, en las últimas semanas, también con Haití. En su día a día, la burocracia es el principal obstáculo a salvar. «Para cualquier ONG ya es terrible entrar en ciertos países», explica. «Imagina que quieres hacerlo con un avión».

Especialmente complicado resulta acercarse a Irak, donde Vidal y su equipo trasladan habitualmente al doctor Cavadas, el afamado cirujano y reparador valenciano. «Él es uno de esos especialistas que cuentan con 4 o 5 días para ayudar y operar en aquel país», relata Vidal. «Si viajara siguiendo los recorridos habituales perdería varios días sólo en viajes».

No todo son batallas ganadas, sin embargo, en la historia de esta organización. Su relato también tiene párrafos muy agrios. Como el de aquel niño rumano, afectado por la enfermedad de Wilson, cuyo final ha quedado grabado a fuego en este piloto lorquino. Su familia había venido a España en busca de ayuda. Querían traerlo al país para que pudieran verlo mejores médicos. Desgraciadamente, el avión de Alas Solidarias no llegó a tiempo. Sólo pudo trasladar a la familia al funeral del pequeño.

Acraf es la otra cara de la moneda. La esperanza. Este niño marroquí, enfermo de un tumor cerebral, pudo ser operado en un hospital de Huelva gracias a la intervención de esta ONG, que se encargó de su traslado.

Alas Solidarias no tiene, todavía, ayuda estatal. Su ingente labor -reciben más de cien llamadas semanales- es posible gracias al patrocinio de empresas privadas y a la solidaridad de muchos anónimos. «Vamos poco a poco», explica este lorquino, «pero con muchas ganas».

 

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